Datos personales

Mi foto
Licenciado en Educación - Historia por la UNMSM y diplomado en Estudios Musicológicos Peruanos por el Conservatorio Nacional de Música. Estudios de Musicología en el Conservatorio y en la Universidad de Ginebra. Publicaciones: - El Misterio del Cóndor - Método de Guitarra Andina Peruana - Diversos artículos en revistas y periódicos. Conferencia Magistral sobre El Cóndor Pasa… en el VI Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero. Georgetown University (ATP) Y diversas conferencias en el país. Actualmente está enfocado en investigar la historia de la música popular en la ciudad de Lima.

lunes, 14 de julio de 2025

VíCTOR ALBERTO GIL MALLMA: EL "PICAFLOR DE LOS ANDES"

 

Revista Festival Nº 5 - enero febrero 2003

     Víctor Alberto Gil Mallma, "Picaflor de los Andes" falleció el 14 de julio de 1975. Al cumplirse 50 años de ese suceso queremos rememorar algunos pasajes de la vida y obra de éste gran intérprete.
 
    Como es el caso de no pocos personajes, existen versiones diferentes sobre el lugar y fecha de su nacimiento ocurrido el 8 de abril de 1928 (algunas versiones afirman que  fue el año fue 1930, y el lugar fue Huanta, Ayacucho y otras Huancayo).

    En una pequeña autobiografía que apareció en el álbum doble "Bodas de Plata" que el sello Philips publicó en 1975, el mismo Picaflor declaró que nació en Huancayo:

Siempre imaginé que había nacido en una casita de paredes bajas, techo de tejas rojas, tapias gruesas, puerta estrecha y sin ventana. Al frente de mi casa (o cuarto) había un inmenso patio pedregoso, al final estaba la casa grande de los dueños de casa, de la mamacha y del auquis, cuyos aleros de teja cubrían casi una cuarta parte del patio, descansando sobre terrados de eucaliptos labrados (yacu lumi) en este gran patio, para mi pequeña imaginación; había grandes pilas de rajados de eucaliptos oreándose y listo para ser quemados en las próximas fiestas de Mayo. Cuatro o cinco piraguas de choclos para ser despancados y trenzados con sus propios ropajes para las huayuncas, sobre las huishcatas, cotencias, o mantadas al ras del suelo, unas hermosas papas como los morados, los suytos y luntus.

Un poco más allá los balays de shilcos con sus arenosas ocas tomando su baño de sol para ser más dulcetes; y todo esto iría a parar al fondo de los hornos de la pachamanca en el retorno de amigos y familiares para la fiesta del Señor de Chilca o Tayta Pateón.

Casi pegado a la pared de la cocina de los dueños de casa había un jardincito o huerta para las más inmediatas dolencias donde no faltaba una planta de orégano, un toronjil, una rama de ruda, algo más: ¡Un hermoso blanquillo que su tallo traspasaba la tapia de la casa! Aunque sus años pasaban sobre sus hojas, todavía invitaba con orgullo algunos de sus frutos aromáticos y carnosos. "Y como quien dice no muy lejos que te quiero, ni tan cerca que te pico".

Un ramal de rocotos de frutos rojos, hojas verdes lanceoladas, para ser devorados por Mamapina, cualquier tarde de la merienda sobre el mate o plato de barro conjuntamente con un alhuihspallpalche, mote o patache de trigo con su carán (cuero de chancho), más allá de este verde joyel estaba un pulo (porongo) en desuso que servía para depositar los orines de los que habitaban dicha parte de la casa.

Cuando las huamblas y los hualash volvían de las faenas agrícolas o pastoreo con dolor de barriga, el ispaypuchusa o ispaypucho con jabón negro de pepita, una frotación quitaba el dolor, recomendaban también los mayores, cuando se sentía el olor de zorrillo, el daño o la envidia rondaba. era bueno regar con el ispaypucho la finca. Seguramente en éste lugar entre las piraguas jugando con otros chiuchis al ashimay ashimay o la paca paca empecé a caminar al lado de mi madre doña Francisca Mallma, pegado a su faldellín o cotón, ccalachaqui con mi pulo a la cintura (hualacha) con mi huachuco o faja, sin lulipa mi camisa de tocuyo, con dos botones, sin cuello y mi sombrero que me servía para cubrir mi cabeza o para recibir mi ración de mote o de cancha; algunas veces para beber con ella las aguas de los puquialcitos del río Shulcas al final de Huanupata, sin desestimarme, sin desmerecerme, sin pensar que fui la víctima o el desheredado, esto lo comprobé después de 15 años (Partida No. 114.515. VICTOR ALBERTO GIL MALLMA - 8 de abril, calle Ayacucho s/n Huancayo).

Así nacieron y se criaron los hombres y mujeres de mi época y de mi región. De ese lugar no sé cuándo ni porqué fui transportado a las fatídicas montañas del Perené con pokras y chancas. En la escuela de los padres Franciscanos de San Ramón - Chanchamayo, se inició mi chindatatá con palitos de turuna y bolitas de huanchor.

Algunas veces como monaguillo o cantarín de las misas, de aquí al 488 de La Merced en cuyas veladas literarias pro techo de las aulas, actuaba con mi micrófono de tarro de leche vacío, su pedestal de carrizo, cantando: "Yo soy puro mexicano".

En 1947 me retorna a la tierra mi madre, al 518 de la calle Puno para terminar mis estudios primarios.

En este lugar de mis recuerdos siguieron mis reflejos de cantante, aunque ya no de versiones mexicanas, sino de temas tristes y melancólicos por la pérdida irreparable de mi progenitora. Digo lugar de mis recuerdos, porque muchas veces tenía que escribir sentado sobre adobes y en las rodillas, porque al final de mi año escolástico quedó impregnado profundamente en mis sentimientos un huaynito (diminutivo cariñoso). "Adiós, Adiós Escuelita /Nos vamos ya, ya nos vamos/ Lejos de aquí con tristeza/ Suspiraremos tus recuerdos/

Por escasos meses pernocté en el Santa Isabel De Monroy Solorzano y Toro Meléndez, primer cachimbo de la muchachada: "Somos isabelinos y aquel que diga que no.…" Siempre cantando en este centro de enseñanzas de la calle Cuzco en sus horas sabatinas y de aquí a la Universidad de la Vida, para ser señor chofer, maestro constructor, mecánico de diesel y otros oficios dignos y modestos para poder subsistir, además formando conjuntos musicales y cantando desde Lamllaspata hasta Pishzucyacún, de Azapampa por San Carlos, Pishcos, bordeando el cerrito de la Libertad hasta Pultucya de Ocopilla o también orillando el río florido hacia la capilla del Señor de Chonta y las pampas de Yanama. Por valles y quebradas, por punas y asientos mineros, traspasé Los Andes, siempre con mi guitarra o mandolina, porque quería ser artista y que mi nombre apareciera en algunos periódicos dominicales o programas festivos de tricolor y doble tiraje.

Cargado de ilusiones, de aspiraciones y sobre todo de sentimientos y canciones llegué a la Gran Lima, pensando que todo era fácil pero aquí se lucha lo imaginable para ser alguien y esto se logra con la calidad y perseverancia (consejos).

Hoy satisfecho (mita mita) de haber puesto mi medio triguito, mi medio maicito en la difusión de nuestra música nacional".

VICTOR ALBERTO GIL MALLMA

"Picaflor de los Andes".

OTRO SI DIGO: Que esta es una parte de la verdad convencional como quien dice; rasumpa rasumín porque mejor que yo saben y conocen de mi huaccha vida mis "amigos" los buscavidas. 

    En el diario La Crónica del 3 de mayo de 1967 se publicó un artículo titulado "Al Picaflor de los Andes se le discute pero arrastra público". En dicho artículo se afirma que nació en Huanta y que: 

"Su voz está identificada como la máxima expresión masculina de la canción del Valle del Mantaro. Como compositor se le discute también, pues se le acusa de no componer de acuerdo al verdadero sentir de los pueblos huancas desdiciéndose en el fondo y forma del verso andino. "Picaflor de Los Andes", es el intérprete mejor pagado de nuestros días, hecho que no pudo hacer extensivo a sus colegas de arte al asumir la Secretaria General del Sindicato de Artístas Folklóricos del Perú".

 


    Desde fines de julio de 1968 comenzó a sentirse enfermo pero continuó actuando. A principios de la década de 1970 ya era considerado el mejor cantante folklórico.

La Crónica 22 de enero de 1972

     En diciembre de 1974 ya su salud era bastante precaria, pero continuaba actuando...

La crónica 18 de diciembre de 1974

    Falleció el 14 de julio de 1975 y fue enterrado en Lima, en el Cementerio El Ángel el jueves 17 de julio.

La Crónica 18 de julio de 1975

    Carlos Guillén Oporto, importante personaje de la cultura popuar, locutor, periodista, compositor e intérprete, en su libro Crónicas del folklor I escribió una biografía de el Picaflor que me permito reproducirla íntegramente:

Nacido en la ciudad de Huanta- Ayacucho. Cuando aún era muy niño, sus padres deciden trasladarse a Huancayo donde Alberto cursa sus primeros estudios en la escuelita que todavía funciona en la calle Ayacucho de dicha ciudad. Pero sus padres nuevamente tienen que alistar maletas, esta vez para trasladarse a San Ramón en la Merced, para dedicarse al trabajo de la siembra y cosecha del café.

Es allí donde comienza a aflorar la vena artística de Alberto. Familiarmente su familia le llamaba “Beto” porque aprende a pulsar la guitarra y junto a dos amigos, forma un trío Al que denominan “Los Compadres” su fuerte, eran las rancheras mexicanas y los boleros de los “Panchos” que por ese entonces causaban furor.

El rudo trabajo del campo ayudando a sus padres, lo van convirtiendo en hombre fuerte y recio, auque de baja estatura pero de contextura sólida. Ya convertido en un joven comienza a dar rienda suelta a su espíritu aventurero y en busca de nuevos horizontes, se adentra en los asientos mineros, donde encuentra un trabajo primero como ayudante en un volquete que transportaba el mineral.

A corto tiempo se hace chofer y de esta manera inicia su incansable trajinar. Los sinuosos caminos que atraviesan los andes peruanos, La Oroya, Pasco, Huarón, Milpo San Mateo, son testigos de su gran habilidad de piloto, surcando cerros, quebradas y caminos casi intransitables con la única compañía de sus canciones. Todavía no atravesaba por su mente eso de ser un artista y convertirse en el intérprete más popular y aclamado de la gran nación de los huancas.

Cuando llega a Lima, como todo buen provinciano de ese tiempo atraído por la propaganda, un día domingo acude al Coliseo Nacional como cualquier otro espectador. La sangre lo llamaba, concluida la función, al salir de la carpa del coliseo, a la mano derecha había un quiosco que lo administraba el Chino José compadre de Don César Gallegos propietario de dicho local. Allí se daban cita: músicos, bailarines, algunos cantantes y amigos que se ponían a comentar las presentaciones de los que habían participado en la fecha, desde luego con sus respectivos brindis, ya que durante la función no ingresaba ni una gota de licor a la carpa.

En dichas reuniones de tertulias del folclor, muchas veces se encontraba Don José María Arguedas; cuando los brindis ya comenzaban a alegrar el ambiente, las canciones no se hacían esperar, hasta que llegó el momento en que una voz potente y afinada irrumpe en la reunión, y sorprende a los presentes los que se muestran entusiasmados y le piden una y otra canción más y entona “yo soy huancaino por algo”. Se emociona José María y lo bautiza como “El Picaflor de los Andes” idea que todos aplaudieron. Es allí donde intervienen los “Hermanos Galván”.

Después hablaré de ellos, hay mucha tela que cortar y le proponen para conversar con Don César y lograr que lo programen para que se presente en el escenario. Don César era un tipo muy celoso para sus programaciones, pero” los Galván” ya le habían presentado anteriormente otros artistas que fueron del agrado del empresario.

Víctor Alberto acepta la propuesta y quedan en encontrarse al día siguiente (lunes) en la puerta del coliseo (los días lunes eran los indicados para que los artistas firmaran su compromiso para su presentación del domingo siguiente).

“Los Galván” convencen a Don César, y el día martes ya se vocea a través de lo jingles (propaganda grabada) que la hacíamos Javier Chávez y yo en las emisoras donde se difundía el folclor andino. Llegó el domingo y la hora en que “Picaflor” debería hacer su debut, lo presenta Carlos Guillen Oporto que junto a Wilfredo Díaz “El Pollo” (que éramos los locutores de la hora estelar del coliseo nacional) con el acompañamiento de la Orquesta de Lucho Carhuay. Casi una hora en el escenario, el público pedía otra y más, desde ese momento se convierte en el nuevo ídolo del cancionero Huanca. Para esto ya en su vida sentimental, en la ciudad de Tarma, había conocido a una huapachosa tarmeña llamada Lidia Artica, la que se convierte en su compañera, y en la madre de sus hijos.

Artísticamente ya el éxito le había comenzado a sonreír por lo que decide junto a su familia trasladarse a la capital, así lo hace y se instala en el Jr. Antonio Bazo muy Cerca de Tacora, por entonces barrio tranquilo . en dicho barrio estaba el coliseo “Bolívar”. La zona era comercial y no lo pensó dos veces y abre un taller de compostura de bicicletas que le da buen resultado ,donde toda su familia ayudaba en el trabajo.

Por entonces, Gonzalo Toledo por mucho tiempo brazo derecho del negro Augusto Ferrando, anuncia un concurso para intérpretes.”Picaflor” se inscribe Al final resulta ganador Pedrito Otiniano ocupando “Picaflor” el segundo puesto. Esto no significó mucho en la trayectoria artística de “Picaflor”, ya que el trampolín para alcanzar lo que alcanzó, fue el Coliseo Nacional. La grabaciones, los viajes, giras de muchos días, contratos que tenían que esperar turno, jamás envanecieron a “Picaflor de los Andes” “E;l Cantor de los 100 barrios huancas” como le decía don César Gallegos. Lo del “Genio del Huaytapallana”, tiene su historia: como les dije anteriormente, juntamente con Javier Chávez grabábamos los jingles de promoción para los espectáculos del Coliseo Nacional. Pero yo era el que escribía los textos (el libreto) un buen día se me vino la idea de ponerle el “Genio del Huaytapallana”, cuando llegué a la oficina él ya había escuchado la promoción y estaba muy molesto, no bien me acerqué a él, me dice; -“Oiga” compadre usted está “cojudo” o qué cosa le pasa, ¡que es eso de genio’, usted me ha visto con cara de Aladino o qué; discutimos muy fuerte tratando de hacerle entender, eso de las discusiones eran diariamente, al parecer nunca nos poníamos de acuerdo pero al final siempre las cosas nos salían bien, uno a otro nos buscábamos y pasábamos la mayor parte del tiempo juntos.

Con Picaflor compartimos infinidad de anécdotas: cuando el me proponía hacer empresa es decir nosotros los organizadores de los espectáculos ya sea en Lima o en el interior del país, nunca nos iba bien; pero cuando era contratado por empresarios que en esa época los había, los locales reventaban. En cierta oportunidad hicimos empresa en Barranca viajamos con nuestros “estuches” como el les llamaba a nuestras parejas, es decir con “Flor de la Oroya” y Vilma Pajuelo, anunciamos la función en matinée a las tres de la tarde: nos caímos no hubo gente, Los estuches se pusieron de acuerdo y allí nomás se fueron a la radio y anunciaron una noche bailable con la Orquesta típica que habíamos llevado. Y como intérpretes, “Picaflor de los Andes” y ellas. Eran las 10 de la noche y la gente hacía cola para ingresar, nosotros nos preguntábamos, ¿acaso no era “Picaflor” la misma figura que se había presentado en matinée? 

Habíamos viajado a una corta gira por Huaráz, Yungay y Caráz esta vez lo hicimos con un niño, que por entonces apareció en el cancionero Huanca, “el Tejanchito Huanca” actualmente reside en México, Bella Andina y Vilma Pajuelo como siempre viajábamos en el wolsvagen amarillo “la jaula”. Al retornar a Huaraz para emprender el retorno a Lima, nos encontramos con que la carretera Huaráz- Lima estaba en reparación por lo cual cerraban el trancito todo el día hasta las seis de la tarde. Nosotros al día siguiente deberíamos viajar a Huancayo, por lo tanto elegimos para el regreso una ruta antigua que estaba en desuso por la cual salíamos por Huarmey, no nos quedó otra cosa y así lo hicimos. Como siempre yo estaba al timón de la jaula y verdad que era una ruta abandonada pero no quedaba otra cosa que hacer una subida interminable ya nos caía la tarde, hasta que coronamos la cumbre; como si se hubiera abierto un telón apareció un hermoso paisaje adornado por la inmensidad del mar que se perdía a la distancia. Es allí donde la fecunda inspiración de Víctor Alberto Gil da rienda suelta a su imaginación y comienza a retratar con letra y música de repente su última muliza, “En las tardes cuando el tiempo se oscurece, cual palomas mensajeras por el tiempo agonizantes..., era un 11de junio de 1975.

El día 12 de junio de 1975,había sido programado para actuar en la localidad de Concepción en Huancayo, desde muy temprano el público comenzó a llegar a la plaza de toros de dicha localidad, ávidos de escuchar y aplaudir al gran “Picacho”. Pero la llegada del cantor de los “Cien barrios huancas” se hacía esperar. Los asistentes se comenzaban a impacientar, hasta que a eso de las cinco de la tarde, hace su aparición la “jaula”, que esta vez no la manejaba yo, lo hacía Alejandro Galván en compañía del Dr. Félix Ortega “el popular Chaleco” ex alcalde de Huancayo, que un tiempo después fuera cobardemente asesinado. “Picaflor” se encontraba mal, ni siquiera podía bajar del automóvil, El presentador hizo presente dicho impedimento al público asistente, el que no entendía razones, fue el doctor Ortega en su calidad de medico de cabecera, el que se dirigió a los presentes para explicar que Víctor Alberto se encontraba muy mal que incluso se le estaba suministrando oxigeno que esa era la razón por la que ese día no actuaría. Pero el público no lo entendía así, quería escuchar a su ídolo.

Alejandro Galván ingresa el automóvil con “Picaflor” dentro hasta el centro de la plaza con la finalidad de que el público se convenza, pero éste estaba enardecido, comenzó arrojar piedras y a Galván no le quedó otra cosa que salir huyendo. ¿Cómo se habrán arrepentido y lo seguirán haciendo quienes estuvieron esa tarde y no supieron comprender la real situación por las que pasaba “Picaflor”? Ya camino a Lima, con la finalidad de recargar oxígeno se dirigieron al hospital de Shule de la Oroya. Lo que aprovechó el doctor Ortega para revisar el estado de su paciente, y optó porque esa noche pernoctara allí a manera de reposo. Se cumple eso de que “escrito está” a las 11 de la noche, el incomparable “Picaflor de los Andes”, deja de existir, el 14 de junio de 1.975 a la edad de 45 años de edad. Tengo mucho que contar del “Genio del Huaytapallana”, nadie como yo lo conoció; fui testigo de sus triunfos, sus alegrías, tristezas y sufrimientos,; de sus amores, porque también los tuvo, de sus querencias como decía él, y de la fuente de su inspiración porque la tuvo, yo también lo sé. 

Por supuesto que del viaje sin retorno de Víctor Alberto Gil, yo sabía, porque una hora después de que habíamos llegado de Huaráz, y lo había dejado en la oficina en el paseo Colón, me llama mi comadre Lidia su esposa y me dice: “Compadre” no viajen (teníamos que salir en la madrugada a Huancayo). Como siempre yo tendría que manejar la “jaula”, y me dice: -“Compadre a usted le hace caso el Beto, asi lo llamaba ella, él está mal; la lengua se le ha puesto negra y se le ha encogido, casi no puede hablar, aquí está el compadre el doctor Anón León Veliz, venga compadre no se demore dígale que no viaje, a usted le hace caso me insiste. Inmediatamente me fui en su busca, y lo encontré en una cama que mi comadre la había acondicionado. Apenas me vio, casi balbuceando me dice: -Está listo compadre a las seis de la mañana partimos. Me puse serio y le dije: -Compadre usted no está bien, no es conveniente que viajemos ; se molestó y me respondió. -Usted esta cojudo compadre, que cree que a mi la muerte me va a agarrar tirado en una cama, yo voy a morir andando y si no quiere viajar, no lo haga. Ordenó a su esposa para que llame a Alejandro Galván. A pesar de que yo me encargaba de todos sus contratos, me decidí a no viajar con la intención de que él; tampoco lo haga. 

Lidia, le dice a mi comadre: busca unas hojas de papel y un lapicero y luego se dirige a mi diciendo: -Compadre,. yo quiero que usted escriba sobre mi vida a pesar, que usted casi sabe todo, no está demás que le cuente algunas cosas más y comenzó a dictar. por supuesto que habían muchas cosas en su vida que aún no me las había contado, me acuerdo mandó comprar dos cervezas que las tomé yo solo. -Yo quiero que usted compadre gane plata escribiendo todo lo que sabe y lo que le voy a contar sobre “Picaflor de los Andes”; escriba compadre.

A eso de las cuatro de la mañana me despedí y no lo volví a ver hasta después de haber transcurrido 24 horas de su muerte luego de haber hecho muchos ”caypin Cruz” (paradas) en todos los pueblos que se encuentran en la ruta de la Oroya a Lima. Como les dije el muere el sábado 14 de junio a las once y 45 de la noche el diagnóstico médico fue mielitis infecciosa progresiva y llega a Lima, el lunes 16 a las 3 de la mañana, a su oficina del paseo Colón 317, donde lo primero que hacemos con Chiguaco del Mantaro es cambiarle de ropa es decir vestirlo con su atuendo típico y cambiarlo de ataúd, ya que para trasladar sus restos lo hicieron en uno alquilado. 

EL MÁS GRANDE ENTIERRO QUE SE HAYA VISTO EN LIMA

El día domingo 15 a las 5 de la mañana, llegan a mi domicilio mi “compadre” Manuel Rivera Palomino empresario del Coliseo Cerrado y me relata lo sucedido. A las 8 de las mañana, llamé a su casa a Don César Gallegos a fin de solicitarle las instalaciones del Coliseo Nacional para que allí se realice el velatorio. 

Para esto ya se había formado una comisión integrada por el propio Gallegos, y Emilio Alanya entre otros, quienes habían acordado solicitar las instalaciones del Sindicato de Construcción Civil a dos cuadras del coliseo nacional y me dijo; que yo no me metiera, palabras que de verdad me molestaron y le dije:

-Escuche Don César; “Picaflor” nunca ha sido un trabajador de construcción civil, es más le repliqué el Coliseo Nacional no le pertenece, es del pueblo, por lo tanto, a la hora que lleguen los restos de Víctor Alberto Gil si encuentro las puertas del Coliseo Nacional cerradas, junto a mis compañeros artistas y al público que nos acompañe, las romperemos e ingresaremos, y le colgué el teléfono. Serían las 10 de la mañana cuando suena el teléfono, era Jaime el hijo político y brazo derecho de Don César y me dice, que su papá le había ordenado preparar las instalaciones del coliseo y que ya no me preocupara. Para eso yo tenía el poder de mi comadre Lidia y los hijos para encargarme de todo lo concerniente al velatorio. 

Alguna vez “Picaflor” me pidió, que si algún día le pasara algo, su deseo era velarse en su oficina, yo sabía que ese pedido no se podría cumplir, porque como se había adentrado tanto “Picaflor” en el corazón del pueblo, sería una multitud la que se congregaría, como que así fue cuando llegó el fatal día. 

Esa mañana desde muy temprano ya las emisoras comenzaron a difundir la noticia, mi teléfono sonaba a cada instante, pero yo estaba abocado en conseguir dos capillas ardientes, me había propuesto en cumplir en algo por lo menos el pedido que me había hecho “Picaflor”, velar sus restos aunque sea unas horas en su oficina. 

Pensé en el Virrey, empresa a la que el había hecho ganar mucho dinero, como era domingo no me quedaba otra cosa que buscar a los directivos en sus domicilios, llamé al comandante Brener, un tanto que se hizo el desentendido, en principio no quise molestar al General Polidoro García porque sabía que estaba delicado de salud, pero en vista de la actitud del Sr. Brener, no me quedó otra cosa, me vi obligado a llamarlo y me dice:

-Guillén mejor venga a mi casa para conversar bien. Rápidamente me constituí en su domicilio, le explique lo sucedido, verdad que lo sintió mucho, y luego me autorizo que buscara una funeraria, que diera su teléfono para que el se encargara de la parte económica. Es así como se instalan dos capillas ardientes, una pequeña en su oficina y otra en el coliseo nacional. 

Mi comadre Lidia estaba en constante comunicación conmigo por teléfono, y según ella luego de los trámites  correspondientes en la Oroya debería estar llegando a Lima a eso de la una de la tarde, lo que yo informaba a los medios de comunicación que estaban pendientes de la llegada, pero es allí donde se hace larga la espera, ya que cada cierto tiempo recibía una llamada que me decía que en tal pueblo la gente se había apostado en la carretera y pedían darle el último adiós a su ídolo. 

Por fin casi a las 12 de la noche llegan los restos de Víctor Alberto Gil Mallma. Ya en el Paseo Colón se había congregado una muchedumbre, artistas y público que pugnaban por acercarse al féretro. 

Lo primero que hicimos es hacer que el ataúd donde lo habían trasladado, ingresara a la oficina donde juntamente con el “Chiguaco del Mantaro”, vestimos al “Genio del Huaytapallana” con su clásico atuendo típico, y lo colocamos en la capilla ardiente. La gente pugnaba por ingresar pero era imposible, la oficina tenía unos 12 metros cuadrados, pero yo tenía que cumplir de alguna forma con el pedido que me hiciera mi compadre. 

A las cinco te la mañana, comuniqué que lo íbamos a trasladar al coliseo nacional. Así se hizo en hombros por toda la Av. Grau hasta Huamanga y a su destino, llegamos a las 9 de la mañana el recinto del local donde había sido tantas veces aclamado, se encontraba atestado de gente que lloraba y cantaba las canciones del gran “Picaflor”. 

En dicho local se veló durante cuatro noches, las instalaciones de la catedral del folclor como alguna vez le llamé se mantenían colmadas por miles de seguidores que daban el último adiós a su artista, en las afueras se formaban colas interminables que daban la vuelta por Huamanga y Abtao mucha gente que incluso habían llegado del interior del país, 

Los restos de “Picaflor de los Andes”, debían ser trasladados al cementerio el Angel el día jueves 18 la hora fue fijada para las 8 de la mañana. A eso de las 4 de la madrugada se me acerca el cachascanista “Rudy” el que me dice: -¿Por qué no te llevo un rato a tu casa para que te afeites y te cambies de ropa?. 

Dígase de paso que ya también el sueño me vencía 5 días sin dormir no era para poco. 

-Bueno le dije. Antes de salir me acerqué donde mi comadre lidia que se encontraba dentro del auto “la jaula” descansando junto a sus hijos, y le dije: 

-Comadre, un ratito voy a cambiarme y regreso para salir a las 8 de la mañana. 

-Ya compadre me dijo, yo espero hasta que llegue. 

Así fue, llegué a mi casa mi mujer Vilma Pajuelo “la Pallita” recién había traído al mundo a nuestro quinto hijo y aún se encontraba delicada, descansa un rato me dijo y me recosté, me quedé dormido, me desperté a las 8 de la mañana, me metí a la ducha y salí “Rudy” me estaba esperando en la puerta, también se había quedado dormido en su auto. 

Tal como me había dicho mi comadre, ordenó que se tenía que esperar a que yo llegara para que partiera el cortejo fúnebre. Don César Gallegos, había contratado una carroza de lujo para que trasladara los restos de “Picaflor” hacia su última morada, gesto que le agradecí pero le comuniqué que el “Gran Picacho” sería trasladado en hombros, como que así fue. 

Luego de un recorrido por todo el centro de Lima, después de haber escuchado una misa de cuerpo presente en la iglesia de San Francisco a la 12 en punto del día, llegamos al Palacio de Gobierno donde nos permitieron ingresar al patio de honor. Salió un edecán del Presidente en ese entonces el General Juan Velasco Alvarado, a quien me dirigí, y le dije; que era una descortesía que no fuera el mismo Presidente el que despidiera a uno de los más grandes representantes del canto popular de nuestra patria. El edecán parece que entendió el mensaje, dio media vuelta y fue en busca del Presidente, y a los pocos minutos hizo su aparición el primer mandatario y dio cumplimiento a nuestro pedido. 

Lo mismo hicimos con el Señor Alcalde de Lima en ese entonces también gran corredor de autos Chachi Divós. Luego enrumbamos por el Jirón Ancash hacia el cementerio el ángel., Era una gran multitud la que nos acompañaba, por lo menos 20 orquestas muchas de ellas llegadas del centro del país: cantantes, bailarines y danzantes, ataviados con su atuendo típico entonaban todas las canciones del inolvidable ídolo. Llegamos al campo santo a las 6 de la tarde. Fue tanto el gentío que el cementerio quedó totalmente destrozado.

Yo estoy seguro que el Perú no recuerda un entierro más grande y con la concurrencia de público que el de “PICAFLOR DE LOS ANDES”. 

En este relato, debo mencionar a Carlos Guillermo Gil el “hijo mayor”· el que desde muy joven, supo compartir con su padre todas sus inquietudes. Por algún tiempo fue el conductor de “Clarinadas Peruanas” y se adentró en folclor, en al ambiente artístico, tanto así que el día que contrajo matrimonio con la Dama huancaína Dora Baltasar en la Catedral de Lima, lucieron un hermoso traje típico de la región central. 

Cuando se entera de la fatal noticia, no lo pensó dos veces, y junto a su esposa subieron al automóvil que recién habían adquirido, y partieron al encuentro de su ser querido. La lluvia y su inexperiencia como piloto de ruta, hicieron que casi al llegar a su destino, sufrieran una volcadura que impidió que cumplieran su deseo. Menos mal que no pasó de algunas fracturas y contusiones. A la muerte de “Picaflor”, Lidia Francisca otra de sus hijas, que como toda hija mujer no compartía de que su padre hiciera honor a su seudónimo, pero al fin y al cabo era su padre y toma la posta para cumplir con otro de los pedidos del “Genio del Huaytapallana” que nunca desaparezca “Clarinadas Peruanas” y verdad que lo está cumpliendo aunque le cuesta mucho, pero no desmaya. 

Me permito insertar dos de sus mas hermosas creaciones tomadas de su facebook oficial


Mi dulce amor 

Mi dulce amor ¿dónde estarás?
Necesito de tus besos 
Soy un clavel que se muere sin rocio
Soy el dia que en la tarde desfallece

Dulce ilusión ¿dónde andarás?
Necesito de tu aliento
Siento morir por la angustia de no verte
Poco a poco se termina mi existencia

Sin tus besos sin tu aliento
Alma mia
Mi vida es un tormento
Sin destino


AGUA ROSADA
Autor: Justo Salazar Compositor: Victor Alberto Gil Mallma "Picaflor de los Andes"

Negrita, negra del alma 
¿Por qué no quieres que llueva (Bis) 
si así estaba la mañana cuando yo empecé a quererte. 

Mañana, cuando me vaya 
no llores agua rosada. (Bis) 
llorarás cuando me muera, 
sangre viva y colorada. (Bis) 

En aquella cordillera 
te he de dejar un recuerdo. (Bis) 
cuatro lindas florecillas, 
en medio estará mi nombre. (Bis)

lunes, 12 de mayo de 2025

LA CONCHA'E PERLA: ¿MARINERA, TONDERO O RESBALOSA?


 
"Rasgos de pluma" o "La concha'e perla"

    El 8 de marzo de 1879, pocos días antes del inicio de la guerra con Chile, en el diario "El Nacional" se publicó el artículo "no más chilenas", artículo en el que se proponía denominar "marineras" a los bailes que en ese entonces se conocían como "chilenas".

    Veinte años después, Abelardo Gamarra en su libro Rasgos de Pluma, publicado en 1899, reivindicó ser el autor de la iniciativa de “bautizar los bailes que tienen el aire y la letra de lo que se llamaba chilena” con el nombre de marineras". La marinera que se publica en ese libro (cuya partitura se muestra al inicio y fue escrita por Rosa Mercedes de Ayarza en compás de 2/4) lleva precisamente ese nombre. En una segunda publicación de la partitura, años más tarde, apareció como “Marinera” (La Decana), bautizada por el pueblo con el nombre de “La concha de perla” y luego se hizo popular como “La concha’e perla” o “La conchaperla”. Esa marinera ya no portaba ardores bélicos en su letra, como las primeras, ni tampoco la rígida estructura en sus versos:

     “RASGOS  DE  PLUMA”
 Marinera
Acércate preciosa
que la luna nos invita
sus amores a gozar.
Acércate preciosa
Concha perla de mi vida,
como no la brota el mar.

Abre tu reja
por un momento
decirte deja
mi pensamiento

Si oyes benigna
mi inspiración
si la crees digna ¡zamba!
de tu atención
ahora no te vas
si tienes plata maña te irás
ahora no te vas
si tienes plata maña te irás
si no la tienes mándate mudar 
Abre tu reja
por un momento
decirte deja
mi pensamiento

Si oyes benigna
mi inspiración
recibe en premio
la fineza de mi amor
de la luna el resplandor
¡Ay! la fineza de mi amor

Puede escucharse en:


    Casi treinta años despues, usando el seudónimo de "Tip Top", Carlos "el chino" Gamarra, gran cantor criollo, (conformó el dúo Salerno Gamarra que grabó discos para la Victor Talking machine Co.) de quien se dice fue hijo de "El Tunante", escribió el artículo "Bailes Nacionales" publicado en la revista Variedades N° 1013 que salió a luz el 30 de julio de 1927. En ese artículo Gamarra comenta que el concurso de música y bailes nacionales que ese año se llevó a cabo en Amancaes reveló que la música andina era cultivada con mucho esmero, mientras que la música y bailes criollos sufrían un estancamiento. 

Carlos "el chino" Gamarra
"La Crónica" 21.12.1928

    Carlos Gamarra afirma, entre otras cosas, que había dos tipos de marinera (uno basado en la estructura métrica de la seguidilla española y otro que no lo es. De ahí que algunos que sólo conocen el primer tipo piensen que "La concha'e perla" es un tondero).

    Sobre la "resbalosa", nos dice que la utilizó el pueblo para "pitorrearse [burlarse] de la política, de los gobiernos y de los procedimientos edilicios y sub-prefecturales". 

    A continuación el artículo íntegro:

La invitación para el Concurso de música y bailes nacionales promovido y llevado a cabo por el Municipio del Rímac, hace algunas semanas, fue como una clarinada sonora y simpática para los cultores de esa música y de esos bailes y, también para los aficionados a recrearse con las manifestaciones musicales de nuestro pueblo.

El resultado del concurso reveló fervoroso cariño en la cultivación de la música andina y olvido, depreciación, estancamiento, cuando menos, de la música y bailes criollos.

No faltaron concursantes que quisieron darnos gato por liebre, con danzas que no tuvieron de andinas sino la procedencia de sus intérpretes, pero esto no amenguó en lo menor el éxito de los que obtuvieron los primeros premios y evidenciaron el tesonero empeño de la juventud serrana, por cultivar y enriquecer su folklore regional.

La música criolla no tuvo en el citado concurso, ninguna representación de positivo mérito, viéndose el Jurado en la precisión de declarar vacantes los Premios principales destinados a esta clase de música, discerniéndose como medida de estímulo, algunos de segundo orden.

Se ha podido deducir de este torneo musical —ejecutado a Iniciativa del infatigable y emprendedor alcalde del municipio bajo-pontino, señor Juan Ríos, que por ello ha merecido unánimes y entusiastas aplausos de la prensa y del público—que el "huaino" sigue manteniendo su imperio al otro lado de los Andes; que el "charleston" en vano ha trasmontado audazmente la cordillera pues se practica en algunas ciudades de La sierra, no como expansión coreográfica sino como simple ejercicio complementario del entrenamiento deportivo.

Otra consecuencia: que la musa popular criolla marcha a la zaga de las similares del continente. Ciertamente no se ha producido de seis o siete lustros a la fecha sino una que otra canción y uno que otro bailable digno de mencionarse, abundando en cambio cancioncillas jerimiqueantes con leras detestables, patrioteras y cursis.

De la "marinera", el más popular, el más difundido de los bailes connacionales, casi no queda sino el recuerdo, al punto de que en el concurso en referencia, más de uno calificó de "tondero" y otros, de "resbalosa" a "La Concheperla" que es la primera de nuestras marineras, la marinera decana que durante varios años se baila en todo el país y se baila todavía en los lugares de la costa, sierra y selva donde aún se tiene algún afecto por los bailes de nuestra tierra. Esta confusión obedeció tal vez a que hay dos clases de marineras; las de una estrofa con su "fuga" respetiva, como la mencionada y otras análogas y las de tres estrofas, de las cuales allá va una muestra:

Palmero sube a la palma
y dile a la Palmerita
que se asome a la ventana
que mi amor da solicita.

Arrímate cobarde
junto a esa niña,
y hazle una guiñadita,
con la rodilla.
Con la rodilla, madre,
fuego violento,
me atormentas el alma
y el pensamiento.

Esta puede calificarse como clásica y ha servido de molde para otras muchas.

En las jaranas criollas era obligatorio bailar tres marineras seguidas y dos resbalosas. De aquí el dicho: "de cinco, tres"; es decir que, para las parejas era poco menos que reglamentario bailar tres marineras y dos resbalosas.

 Las "marineras" que aún se bailan datan del 85 o son anteriores a ese año. Posteriormente sólo recuerdo que se haya editado por la Casa Brandes, la titulada "Catay zambita", música del doctor José Benigno, Ugarte y letra de Leonidas N. Yerovi y Federico Blume.

La "resbalosa" la utilizó el pueblo para pitorrearse de la política, de los gobiernos y de los procedimientos edilicios o sub-prefecturales. Así cuando cierta autoridad, con mucha razón, por cierto, intentó reglamentar el tráfico de carruajes, acostumbrando por esa época en que circulaban monedas de cobre, recibir los conductores del tranvía seis centavos, siendo de cinco el valor del pasaje y se quedaban con la vuelta, se puso en boga esta "resbalosa":

El señor Intendente
tiene una cosa
que parece mentira ¡caramba china!
por caprichosa.

Quiere que los cocheros
en su trabajo,
unos anden p'arriba
y otros, p’abajo 
Si subes al tranvía
verás Perico,
que el conductor no tiene
pa’darte vuelto centavo chico.

Podría formarse un grueso volumen con las intencionadas coplas de las "marineras", "resbalosas" y "tonderos" norteños que se han escrito con anterioridad al 85.

La marinera tuvo su tiempo en pleno auge. Se elevó desde los suburbios hasta los estrados sociales y si no se ha divulgado débese a que es el de más difícil interpretación entre los bailables populares de este lado de América. La "matchicha" brasileña, el "pasillo" colombiano, el "gato", la "zamba", el "pericón" y el "tango" argentinos, se pueden aprender con relativa facilidad. Con la "marinera" no sucede lo mismo. Precisa en quien la baile, natural gallardía, gracia por arrobas y elegancia señorial. Bailarinas profesionales han intentado aprender a bailar le marinera y han fracasado. Amelia Molina, la gentil artista española, a su paso por Lima, después de haber incluido en su repertorio diversos bailables en su gira por los países sudamericanos, estudió durante algunas semanas nuestra marinera, pero nunca pudo bailarla debidamente.

Don Fernando Soria, fue entre los escritores nacionales, el que cultivó con particular acierto y donosura esto género de música peruana y es autor de numerosas coplas de "marineras", "tonderos", "resbalosas”, "sañas” y "socavones". A él, se debe la mejor definición de la "marinera.", como epilogo de un diálogo entre un inglés y mozo criollo.

—¿Cuál el baile nacional de ustedes? —pregunta el inglés.

—La marinera—contesta el criollo.

—¿Ese baile con la pañuelito?

—Ese mismo.

—i Moy insípido!

Y el mozo Indignado al oir calificar de insípido el baile nacional replica al gringo:

¡Insípido! ¡Qué opinión!
Si usted mismo que critica
hasta con los pies repica
si oye guitarra y cajón
y cantar con voz ronquita
de aquella que llega al alma
"Palmero sube a la palma
y dile a la Palmerita"¡
Un arzobispo—y no es cuento— que allá, en el Cercado viera bailar una marinera exclamó:
 —¡Fuego violento!
Fuego interior que estremece
y la mirada encandila,
cadera que miel destila
Y en dulce vaivén se mece.

Manos trémulas que estrujan
con febril ansia el pañuelo,
mientras los pies, en el suelo
dibujan... lo quo dibujan ¡

Como una dulce quimera
que en el mundo se realiza:
canto, copla, baile, risa.
¡Eso es una marinera!

En verdad. Eso es una marinera. Lo que se baila ahora—salvo contadas excepciones —es una caricatura de ese baile, algo que para los criollos de buena cepa que ya han perdido la esperanza en el resurgimiento del más nacional de todos los bailes nacionales es como si en vez lo legitimo "Claro de Huarmey” les diesen agua de borrajas "cabeseado" con aceite de ricino y jugo de maní crudo. 

                                                                                                            TIP -TOP

(Ilustraciones de Arístides Vallejo) 





     Los que afirman que "La concha'e perla" es un tondero analizan la estrcutura de sus versos y llegan a esta deducción:

GLOSA
Acércate preciosa,
que la luna nos invita
sus amores a gozar, a gozar.
Acércate preciosa,
Concheperla de mi vida,
como no, la brota el mar, el mar.
DULCE:
Abre tu reja, por un momento,
decirte deja mi pensamiento,
si oyes benigna mi inspiración,
si la crees digna, zamba, de tu atención.
FUGA:
Ahora no te vas, si tú me quieres mañana te irás,
ahora no te vas, si tú me quieres mañana te irás,
s no me quieres, mándate mudar.
SEGUNDO DULCE:
Abre tu reja, por un momento,
decirte deja mi pensamiento,
si oyes benigna mi inspiración,
si la crees digna, zamba, de tu atención.
SEGUNDA FUGA:
Recibe en prueba, la fineza de mi amor,
de la luna el resplandor, la fineza de mi amor
de la luna el resplandor, la fineza de mi amor.

 (https://tondero-cancionero.blogspot.com/2013/10/la-concheperla.html)

     Existe tambien una grabación de Montes y Manrique (disco P12 "Dicen que las penas matan", marinera con resbaloza) en la que letra de "La Concha'e perla" es cantada como resbalosa:








sábado, 8 de febrero de 2025

NOTAS SOBRE EL HUAYNO "ADIÓS PUEBLO DE AYACUCHO"

   "Adiós pueblo de Ayacucho" es uno de los más emblemáticos huaynos ayacuchanos. Sin embargo no son pocas las dificultades que nos plantea su autoría. El 28 de junio del 2020, en mi página de facebook (https://web.facebook.com/luis.salazar.52) publiqué cinco versiones sobre la antigüedad y autoría de este huayno. Hubieron muchos comentarios y mas versiones, que son las siguientes:

1. Florencio Coronado afirmó que fue dedicada a los vencedores de la batalla de Ayacucho en 1824.

2. Raúl García Zárate señaló que escuchó a sus mayores decir que se compuso cuando Andrés Avelino Cáceres partió a la campaña de la Breña en 1882.

3. Se compuso cuando Cáceres, después de ser derrotado por Nicolás de Piérola, en 1895, regresó a vivir a Huamanga. No fue bien recibido y abandonó el lugar. Un paisano suyo compuso entonces el huayno.

4. El párroco de la iglesia La Magdalena José Medina Gálvez, huancavelicano sostenía amores prohibidos con Rosa María Perlacios, joven y viuda a quien los huamanguinos llamaban “Perlita”. Cuando fueron descubiertos el cura tuvo que abandonar Huamanga y compuso el huayno.

5. Santos Quispe Ochante, a este hombre sus amigos le robaron un cuaderno el cual contenía muchos temas musicales entre ellos el huayno en mención (versión de Walter Ángeles).

6. El músico huaracino Alejandro Collas Páucar afirmó que su papá, residente en Huamanga, compuso ese huayno al retirarse de esa ciudad (Comunicación personal).

7. El autor sería Luis Uchurri huancavelicano enamorado de una bella huamanguina de nombre Perla, según figura en el libro de Bruno Castellares publicado entre 1925 y 1933 y citado en el libro de Federico Salas Azogue, cinabrio, bermellón o mercurio:compilación de poesías y prosas huancavelicanas publicado en 1993. (Mi agradecimiento al literato Isaac Huamán quien me proporcionó este dato).

    Sobre la primera grabación de este huayno, data de 1930. Fue realizada en Lima, el 28 de junio de ese año por los técnicos de la RCA Victor, quienes realizaron varias grabaciones a los conjuntos ganadores del Concurso de Música y Danzas Regionales que se realizó con motivo de la fiesta de Amancaes.

    Estanislao Medina ("Istacha" o Tani") fue el intérprete y lo grabó en un solo de arpa que se imprimió en el disco Victor 30150-B


    He leído en diferentes publicaciones que el apellido materno de Estanislao Medina era Palomino. En la entrevista que publicó el diario "La Crónica" el 2 de mayo de 1935 él manifiesta:
"Hace un año—nos dice Medina, con el tembloroso acento—que falleció mi madre, doña Justina Gonzáles".
    Se puede deducir que su nombre completo sería Estanislao Medina Gonzáles y no Palomino.

    Con respecto a las letras del huayno, no he podido determinar con exactitud ni su antiguedad ni cuál sería la primera grabación cantada.

Sobre la letra hay que indicar que hay variaciones. Ernesto Camassi, profesor, intérprete e investigador musical ayacuchano en su libro Historia del wayno huamanguino publica la siguiente:

    (Camassi 2007:243)

    Camassi, observa que los esposos D'Harcourt, pareja de investigadores franceses que realizaron recopilaciones de música andina entre 1912 y 1914 y luego en 1922, no registraron este huayno pero si otros huaynos ayacuchanos.
    
    Con respecto a las partituras y arreglos musicales de "Adios pueblo de Ayacucho", hemos encontrado una partitura realizada por Carmen Cáceres Pastor. Lleva como título "Perlaschallay" y dice "captación y arreglo para guitarra". Esta partitura, que dede datar del fines de la década de 1940 o comienzos de la década de 1950, está editada por la casa Ricordi Americana S. A. de Buenos Aires, y probalemente es la primer arreglo para guitarra en ser llevado al pentagrama, aunque está en la afinación de guitarra convencional y no en alguna de las afinaciones ayacuchanas tradicionales.





    Sin lugar a dudas la grabación mas difundida de este huayno es el solo de guitarra que grabó el famoso guitarrista ayacuchano Raúl García Zárate en 1966.


martes, 31 de diciembre de 2024

ALEJANDRO AYARZA MORALES "KARAMANDUKA" Y LAS PALIZADAS

   

FOTO: familysearch.org

     Alejandro Ayarza Morales "Karamanduka" es un personaje polémico en las narrativas sobre la música criolla en Lima. Héroe para unos y villano para otros, Alejandro Ayarza nació el 21 de junio de 1884 (según otras fuentes el 27 de julio) y falleció en Lima el 30 de diciembre de 1955, en su casa situada en el Jirón Matías Maestro N° 114 en los Barrios Altos. 

1. Integrante de La Palizada

    De él se dice que de muy joven se incorporó a la famosa "Palizada" formada por Augusto Paz, Jesús Menacho, Pepe Ezeta y Julio Pastor. Comencemos entonces trayendo a la memoria los escrito por José Galvez Barrenechea, quien bajo el seudónimo de Pickwick, escribió en "La Crónica" del 15 de febrero de 1913 LOS faites: 

LA AURORA DE LA PALIZADA

    Precisamente, en los dolorosos tiempos de la guerra es donde debe buscarse el verdadero origen de la palizada que degenerara tanto después. Tal vez la costumbre legitima de caminar en pandilla, de mortificar al transeúnte, de buscar pleito a cualquiera, tuvo su origen en una bella iniciativa de una serie de mozos mataperros de Lima, de familias decentes, quienes, durante la ocupación, se ocuparon de fastidiar al vencedor, de golpearle y ridiculizarle donde podían, organizando tretas y trampas para que cayera y procurando llevar a los oficiales a terrenos donde tuvieran que luchar cuerpo a cuerpo. Muchos nombres se recuerdan en Lima de mozos que durante la ocupación, olvidando sus antiguas mataperradas, se decidieron a amargar toda fiesta en que el vencedor se entregara al regocijo, ideando diabluras y mataperradas sin cuento. Los chilenos, según cuenta la leyenda, andaban desesperados con estos mozos que no les dejaban tranquilos.

LA VERDADERA PALIZADA

    La palizada, tal como apareció en Lima con todo su cortejo de calamidades, fue posterior a la guerra y tal vez, como decimos, tuvo su origen en aquella reunión de mozos que se ocupaba en amargar los goces del vencedor. Se conservó la costumbre, pero ya sin el simpático fin que tuviera y Lima padeció, durante varios años, las insolencias de un grupo de mozos, bien plantados, algunos de ellos pertenecientes a distinguidas familias, que hacían gala de su fuerza, de su destreza para trompear a cualquiera y que armaban en cafés y restaurants y teatros, mayúsculos escándalos. Entonces nació la era inacabable de los cabes, cabezazos, contrasuelazos, y cargamontones, sistema empleado en casos de apuro, lanzándose todos contra el infortunado que había logrado golpear a uno de los de la palizada.

    Los faites, porque entonces nació el tipo genuino del faite, se hicieron temer sobremanera, y abusaron muchísimo tiempo de su situación, alcanzando celebridad. Muchos de ellos, bien dotados por la naturaleza, tipos bellos y finos verdaderamente, tenían dones de atracción personal incuestionable y lastimosamente perdieron sus condiciones, dándose al vicio y viviendo una vida notoriamente desagradable é inferior.

EL FAITE

El faite genuino tuvo hasta indumentaria característica. Usaba sombrero suelto, saco cruzado, pantalón a la Waterloo, y era amo en el teatro, señor de toda señoría en Acho y dueño de todos los corazones que se ponían en alquiler en la ciudad. Abusivo y fachendoso, complacíase en golpear a cuanto desgraciado se ponía a sus alcances, tenia terminajos propios, se reía de la policía, era temido en comisarías y lugares de detención, y amado de las casquivanas dejó que su vida trascurriera en un bullicioso y gastador aturdimiento. Pintoresco dentro de sus daños, y gracioso dentro de sus defectos, el faite constituyó en Lima una personalidad saltante que despertaba la curiosidad y llamaba sonoramente la atención. Conservador, eso sí, de los gustos criollos, era enemigo personal de los caballeritos, detestaba el tongo y el chaqué, se burlaba de los sietemecinos elegantes, puso cátedra de trompeo, y reinó como un pachá en los barrios del bronce, resucitando algunas viejas leyendas, jaraneando en huertas a las que llevó algo de la antigua sangre ligera y del viejo donaire criollo.

Quimboso, y lleno de dicharachos, asustaba por los grandes mostachos, el empaque para amenazar, el movimiento agresivo que tenía en sus actitudes todas, y la voz campanuda, sombría y terriblemente mosqueteril, por su exageración y su tono. Entre los faites de aquellos tiempos, hubo muchos que, como en los viejos tiempos del “mozo malo”, pertenecían a distinguidas familias, de las que fueren niños mimados.

Infinidad de anécdotas se cuentan de estas palizadas originales, que circulaban por las calles centrales, rompían vidrios, golpeaban a la policía, se metían a los teatros y en general a todos los espectáculos sin necesidad de billete, y eran el terror de empresarios, padres de niñas pobres y mujeres desgraciadas. 

EL FAITE INTELECTUAL

No faltó siempre, desde los remotos tiempos del mozo malo, hasta los relativamente inmediatos del faite, el tipo intelectual que improvisaba coplas, era el poeta de la partida, hacia versos, escribía la letra de los cantares de la palizada y gozaba de ascendiente entre los de “su cuerda”.

LA MULTIPLICACIÓN DE LAS PALIZADAS.

Tan detestable y pintoresca costumbre creó, por espíritu de imitación, una serie de palizadas en diversos barrios, y así hubo la palizada de Abajo del Puente, la palizada de los Naranjos, la palizada de la Chacarilla, la palizada de las Nazarenas, y hasta los muchachos de los barrios organizaron sus palizaditas. En la palizada siempre había alguno que era respetado por todos. Era el más faite, el gallo para echárselo a cualquiera  llegado a la alta categoría superior, por su garbo, su suerte con las mujeres, y sobre todo porque en un día le había pegado una tanda formidable al Cabezota o al Tripa larga, famosos en tal o cual barrio. Se acostumbraba también que una palizada fuera de un barrio a otro, se organizaban desafíos, y el día menos pensado en la noche se sentía en el barrio un estrépito formidable de golpes, juramentos, e imprecaciones.

     Las personas salían de sus casas, los muchachos gritaban, se armaba una batahola infernal, y cuando alguien preguntaba por qué se armaba  tal lio, la respuesta era infalible: “Son los de la palizada de Nazarenas, que se han venido esta noche”. Y así sucesivamente.

    Entre las anécdotas curiosas que hemos oído relatar sobre la palizada, se cuentan algunas graciosísimas, como aquella en que, según la leyenda, los faites, que caminaban con un aire especial por las calles del centro, a lo mejor sacaban sus cuchillos, que según frase de ellos mismos “eran pura vista”, y los afilaban con aire facineroso en el sardinel de la vereda.

EL FAITE DE COLOR HONESTO

El éxito de la palizada llevó a mucha gente de medio pelo a organizar también palizadas, color chocolate, que campeaban también en ciertos barrios, hacían barbaridad y media, golpeaban a los pulperos, les daban palizas formidables a los chinos, y continuando enorgullecidos la leyenda de los faites de alto copete, se daban grandes aires conquistadores y señoriales. Raro era el barrio donde no había dos o tres callejones sin su respectiva palizada, la que tenía preocupados a los pobres cachacos que creían cumplir su deber con el alarmante fiuli del pito que casi nunca daba resultado.

LAS PALIZADAS ESCOLARES

Cosa curiosa, pero lógica dentro  de la sicología infantil y adolescente, era el afán de imitación de los faites que tenían los muchachos de los colegios, que luego en sus barrios organizaban sus palizadas con todas las características de las grandes, hablaban imitando el tono sipilitriple, sabían lo que era un huacarinazo, conocían de memoria la historia de los  más grandes faites de la leyenda limeña criolla, se preciaban de parecerse at tal o cual célebre faiteman, se daban el pisto de hablar de ellos como si fueran íntimos amigos, se enorgullecían con que se les creyese tan faites como los más faites de la ciudad, y andaban a la salida del colegio llenos de guaraguas, decires y quimbosas actitudes. 

UNA ANECDOTA TERRIBLE

Entre las diabluras verdaderamente espantosas de los faites, conocemos una auténtica de un sabor verdaderamente macabro y que podría servir para argumento de un cuento enfermizo, en que se hiciera la sicología torcida y enrevesadamente malévola de algún degenerado. Se trató en cierta ocasión del velorio de una criatura, el clásico “velorio” en que el compadre debía hacer los gastos, correr con el entierro y acudir compungido y pesaroso a la casa de la comadre, donde a la media noche se formaba una parranda silenciosa, aunque parezca paradójico, pues si es cierto que no se bailaba ni se cantaba, en cambio circulaba el licoreo que era una bendición. El  compadre era un faite legítimo. Acudió efectivamente, y a la media hora, sin que nadie lo pensase, se armó una jarana con todas las de la ley. En el cuarto vecino, la criatura, que había muerto a los pocos días de nacer, yacía rodeada de lámparas de aceite, velas y demás accesorios fúnebres; en el fondo una gran olla contenía hirviente y suculento el caldo de gallina que se daría en la madrugada a los veladores. El licor nubló el cerebro del “compadre” y cuando estaban en lo mejor de un tristecito en que se cantaba el dolor de una madre que perdía a su hijo y se consolaba con pisco, se introdujo al cuarto donde yacía la criatura, la cargo, se metió con ella al corralito donde hervía el caldo y ¡zás! la echó en la paila. Luego se quedó dormido. Despertó con un escándalo formidable, gritos de mujeres, llantos desgarradores, y entonces se dio cuenta de la estupidez que había cometido. La madre, al ir a espumar el caldo, se encontré con algo—que no era precisamente un pollo—envuelto en telas; se alumbró con una vela y ¡horror! sacó semisancochado el cadáver de la criatura. Ignórase el resultado y, como en un cuento macabro, se ignora también si alguien se tomó el caldo.

DECADENCIA DE LA PALIZADA

La gran cantidad de imitadores concluyó con la fama de los faites, y comenzaron a surgir mozos fuertes y bravos que en más de una ocasión bajaron el moño a los clásicos. Una avalancha de mocitos apechugó con lo que se le puso delante. Los clásicos optaron por formalizarse a medias, muchos se retiraron in tiempo y la cantidad de gente verdaderamente baja y mala que hizo papel en el género, malogró lo pintoresco, debilitó la acción conjunta, dió pábulo a que fueran subvencionados por lugares de juego, de diversión y de licoreo, se “abragó” la cosa, como ellos dicen y nos encontramos un día con que no se podía deslindar ya entre el “faite”, el guardaespaldas y el apaleador de oficio, que aparecía en las épocas álgidas de la política, organizaba palizadas eleccionarias, pegaba a las mujeres que se abandonaban a sus cuidados, y vivía mala y vergonzosamente.

Ya en estos últimos tiempos no hay palizada. Los que tienen sicología de faite hacen su vida como pueden, viven relativamente aislados, alquilan su fuerza si es preciso, y salvo dos o tres genuinos representantes de los tiempos medios que eran malos porque si, sin interesada malevolencia y que hoy se quejan de lo infame que es la vida en Lima, puede decirse que ha desaparecido por completo la palizada. A, pesar de todos sus defectos y de todos sus daños y sus vergüenzas, justo es confesar que la palizada fue pintoresca, graciosa, algunas ocurrencias felices tuvo, pero que día a día degeneró hasta convertirse en algo imposible y verdaderamente ingrato, Sostenedores de lo criollo, el “folklore” nacional le debe algo en justicia, y no es raro encontrar en la musa popular muchos cantares que fueron obra exclusiva del faite.

PICWICK

2. Autor teatral y compositor

    Según el historiador Jorge Basadre, en el Teatro Victoria de la calle Orejuelas, se estrenó el 8 de febrero de 1911 una revista con letra y música de Alejandro Ayarza titulada Música peruana (Basadre 2014 T.17:106). Esto es algo que no hemos podido confirmar. 

    Alejandro Ayarza compuso un vals que es infaltable en el repertorio de los criollos "La Palizada". Este vals fue grabado por el dúo Montes y Manrique en la serie "P" N° 16 de la disquera Columbia. El primer lote de discos discos llegó al Perú a fines de 1911. En ese lote estaba "La Palizada".

"La Palizada" "Colección: Dante González

    El 29 de octubre de 1912 en el Teatro Victoria se estrenó la Zarzuela nacional C.D.P. de Alberto Seminario. Entre los números de música figuraba una original marinera del señor Alejandro Ayarza "que mereció los honores del bis", según informó "La Crónica" del 30 de ese mes.

    El estreno de la "zarzuela de música y costumbres nacionales" "Música peruana" se anunció en el diario "La Crónica" del 28 de noviembre de 1912, en los términos siguientes:

VIDA TEATRAL/ TEATRO VICTORIA/ ESTRENO DE UNA OBRA NACIONAL/ Hoy en este Teatro subirá escena una zarzuela de música y costumbres nacionales, composición y letra del popular y chispeante Alejandro Ayarza. Personas que han asistido a los ensayos nos aseguran que la obrita ha de gustar al público por la comicidad de sus situaciones y por el marcado sabor criollo. La obra se titula “Música Peruana” y ya sabemos que con ella “se resbala cualquiera”.

    "Música peruana" tuvo mucho éxito y pronto pasó al Teatro Mazzi, esta obra se siguió presentando durante muchos años.

  El 13 de enero de 1913, en el Teatro Mazzi, se estrenó PILSEN – LIMA zarzuela de costumbres de Alejandro Ayarza, y en el Teatro  Municipal del Callao  el sábado 15 de febrero.

"El Comercio" 27.01.1913

    En setiembre de 1913 los técnicos de la Victor Talking Machine Co. realizaron grabaciones en Lima. El día 9, Alejandro Ayarza con el actor Luis Romero, grabaron cuatro "diálogos cómicos": "El borracho y el inspector" (de "Musica Peruana, escena comica."), "Los compadres" (de "Musica Peruana, escena comica."), "Los dos serranos" ("Diálogo y huaynito de Música Peruana" y "Entre coletas". El día 25 grabaron dos más: "La tamalera y el emolientero" y "Los macarrones".

    "Los dos serranos se puede escuchar" haciendo clik en:


El_borracho y el_inspector

    El 19 de enero de 1915 se estrenó, en el Teatro Mazzi, "Un paseo en burro".
"La Crónica" 20.10.1915

 3.    El militar
   Como se sabe Alejandro Ayarza perteneció a las fuerzas armadas peruanas, llegóa obtener el grado de Mayor. 

    A fines de agosto de 1916 se inció una huelga de tarbajadores agrícolas en Huacho. Como la huelga comezó a generalizarse, el 01 de setiembre de 1916 llegó a la ciudad de Huacho un tren con 170 militares armados al mando del prefecto de Lima coronel Edgardo Arenas. El 2 de setiembre debía realizarse unas reunión entre los hacendados y los trabajadores. Los hacendados no asistieron a la reunión y eso desaencadenó la ira de los tranbajadores. Según señala el historiador Julio Solorzano Murga:
"después de casi una hora de protesta un contingente de militares al mando del alférez Ayarza, intenta reprimir a los manifestantes haciendo uso de sus armas de reglamento se enfrentaron a la masa trabajadora muriendo dos jornaleros campiñeros don Ernesto Villanueva Maturrano de Luriama y don Cayetano Romero Chinga de Hualmay" (https://anarquismoperu.noblogs.org/post/2010/10/28/movimiento-sindical-en-huacho-ano-1916-1917-parte-1/)
    Como resultado de ese enfrentamiento Alejandro Ayarza resultó herido y trasladado a Lima

"El Comercio" 13.10.1916

    Aunque pocos lo mencionan, este pasaje de la vida de "Karamanduka" y su pertenencia a la palizada han quedado como un baldón.

4. HOMENAJES
        En 1944, al cumplirse 35 años del estreno del vals "La palizada" se organizaron varios homenajes. El 5 de junio de 1944 "un grupo de amigos le tributó homenaje en el Teatro Segura. En el diario "La Crónica se publicó lo siguiente:
EL HOMENAJE A ALEJANDRO AYARZA "KARAMANDUKA"
Hoy día, en funciones de vermouth y noche, va a realizarse, en el Teatro Segura el homenaje que un grupo de amigos ha organizado a Alejandro Ayarza "Karamanduka", prometiendo alcanzar un buen éxito. Ayarza, el popular compositor, entre otras piezas, del famoso vals "La Palizada", y autor de varias obras teatrales, es un personaje limeño que no necesita presentación. Criollo de pura cepa, formó parte de ese grupo tan popular hace algunos lustros conocido por el nombre de "La Palizada" junto con otros personajes conocidos en nuestro medio, Augusto Paz, Jesús Menacho, Pepe Ezeta y Julio Pastor. En el programa que se ha hecho para el homenaje de hoy se pondrá en escena la revista nacional de costumbres criollas titulada "Música Peruana", en tres cuadros, de cuya música y letra es autor Ayarza. Seguidamente, ofrecerá el homenaje de la Guardia Vieja, el decano de los cantores criollos, César A. Manrique, para terminar con la escenificación del popular vals "La Palizada", con fondo musical del sexteto "Los Chalanes" que dirige Lorenzo Humberto Sotomayor. Van a intervenir en este programa conocidos elementos del teatro y de la radio que en esa forma se asocian al homenaje a "Karamanduka". Estos artistas son: Carlos Ego Aguirre, Paco Andreu, Perico García, Antonia Puro, Luis Mendoza, Enrique Barrios, Carlos Revolledo, Fco. del Pomar, Manolo García, Charito Ureta, los Hermanos Sousa, los hermanos Oxley, etc. Con mucha propiedad será presentada la jarana criolla de la Lima de otros tiempos con sus caracteres típicos que la han hecho famosa.
    El periodista Juan Gordillo Arias escribió lo siguiente:
    Está ad portas el homenaje que los peruanos tributarán a Alejandro Ayarza, uno de los más genuinos intérpretes del Cancionero Nacional, paladin de él y gonfalonero de sus arpegios en el extranjero...
    Perteneciente a aquella pléyade de criollos que afianzaron nuestro nacionalismo dentro del ritmo edificante de sus composiciones, el homenajeado no solo constituye un fiel exponente de ella, sino la supervivencia de ese bello sentimiento de ufanarse legitimamente de haber nacido en este suelo pródigo y hospitalario como el que más.
    Alejandro Ayarza, al igual que sus congéneres, enriqueció nuestro álbum musical con sus composiciones, eran los tiempos de guitarra bicolormente embanderada al brazo y el puro de lca—no el lanza llamas como el de ahora—en el bolsillo del pantalón. Los barrios más famosos de la capital pugnaban en lucha noble y caballeresca por la primacía de sus cantores y de sus composiciones; y en escenarios teatrales, familiares, callejoneros o de media mampara, al aire libre, la contienda adquiría aspectos de rivalidad edificante. ¿Quién ha de olvidar "Mercedes", "Alejandrina" "El 29 de Mayo", "La Palizada", "Las Calles de Lima", "Luis Pardo", "Andarita", "Tus Ojitos", "Pobreza"...? 
    Los conjuntos de las galladas bajopontinas, con los Paulsen, los Andrade, los Ferreyros, los Manrique y otros, llevaron más de una vez en sus filas a Karamanduka; y la picardía ingénita del limeño, paseose en todos los confines de la pequeña urbe capitalina de aquel entonces. Monserrate, La Palma, La Torrecilla, La Rivera, el nuevo Chirimoyo, la nueva Victoria, las 5 Esquinas, El Cercado, La Toma, Pampilla, Malambito, La Confianza, La Carretera del Gas, La Medalla, La Rivera, Contradicción. Malambo, Naranjos, La Huaquilla, el Carmen Alto, los Descalzos, abrieron sus puertas al igual que las huertas del Rimac, a esos portaestandartes del criollismo nacional. 
    Serenatas, sentimentalmente ejecutadas, ya con la lluvia mojando a los cantores o con la presencia de numerosos curiosos en una noche tranquila, ávidos de captar el nuevo "vals" y presenciar la sugestiva jarana, observando la primera educada, la segunda perfecta y admirando a la mano broncínea que a las 5 de la mañana, le sacaba el "jugo" al cajón y hacía bailar las ibéricas castañuelas, con los niños de la palizada.
 Así se enriquecía el Cancionero Criollo; así se robustecía nuestro nacionalismo; así lloraba el criollo o lanzaba sus imprecaciones con el sentimentalismo de su ritmo ambiental, para decir con Arzola, en su vals "Alejandrina", "infame.... sin conciencia y alma negra que hieres al más puro corazón. ¡Tarde será cuando llores tu desgracia...!" o cuando José Herrera, deleitaba a los turfman entendidos: "no ha habido... ni habrá otro superior. Es el orgullo del turf nacional..." 
    Eran los tiempos de apogeo de la musica nacional, porque quienes la difundían, amaban todo lo peruano y eran peruanos de corazón. No faltó la replana; la lengua de los antiguos negros peruanos; y así el blanco fraternizaba democráticamente con el negro y el indio. El ánima rodante de cuatro tabas, por el coche con llantas; el ánima de dos tabas chicueñita que rema en el terrum, por el ave lista para el estofado; el ánima que se vea en el charco grandimio; por el pescado; el palo trinador y el paliso de cuatro tabas, por la guitarra y la silla; la lancha gira espumante, por la cerveza; el feligrés grandimio aparrado a los rayos colorines, por el blanco repleto de libras; la feligresa de crisoles almendrados, por la injerta pícara y entonada; el negro amito le aconfianza el acero pulido al ánima de dos tabas, por el negro amigo le coloca la navaja al gallo; uva gancho, por siga amigo, cinco feligre, por sí amigo... 
  !Loor a Alejandro Ayarza, el Gran Kararnanduka, y a los criollos que como él, sintiéndose orgullosos de ser peruanos, difundieron su música en el suelo nacional y en países extranjeros...! 
        Juan Gordillo Arias 

 

"La Crónica 5.06.1944"

    El 19 de junio se realizó un nuevo homenaje en el Teatro Apolo. "La Crónica informó así":
APOLO –HOY – Grandes funciones de Homenaje de los BARRIOS ALTOS al criollísimo y más puro exponente del costumbrismo limeño Sr. Alejandro Ayarza “Karamanduka”
La Revista Nacional de costumbres criollas
MUSICA PERUANA
Con los 4 ases del Teatro Nacional: Revolledo – Teresa Arce – Andreu – Puro
Estreno de “LA PALIZADA” escenificación del popular vals de KARAMANDUKA Rosita Passano – Hnos. Govea – Dúo Catter – Romero.
Debut del sexteto criollo “LOS CHALANES” que dirige L. H. Sotomayor
Orquesta del profesor Nibaldo Soto Carbajal
    En 1947, Jaime López Raigada publicó 32 reportajes y una crónica, libro en el que uno de los reportajes está dedicado precisamente a Alejandro Ayarza.

32 reportajes y una crónica. López Raigada, 1947