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Licenciado en Educación - Historia por la UNMSM y diplomado en Estudios Musicológicos Peruanos por el Conservatorio Nacional de Música. Estudios de Musicología en el Conservatorio y en la Universidad de Ginebra. Publicaciones: - El Misterio del Cóndor - Método de Guitarra Andina Peruana - Diversos artículos en revistas y periódicos. Conferencia Magistral sobre El Cóndor Pasa… en el VI Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero. Georgetown University (ATP) Y diversas conferencias en el país. Actualmente está enfocado en investigar la historia de la música popular en la ciudad de Lima.

martes, 28 de abril de 2026

DE LA LLEGADA DEL PIANO AL PERÚ Y UNA PARTITURA PUBLICADA EN LIMA EN 1845


El Oso Lima 01.03.1845

      Durante el Virreynato del Perú, la capital suya, "la ciudad de los reyes", Lima, fue el centro a través del cual se difundía la música y los instrumentos musicales a las demás ciudades de su gran territorio. Llegaban trompas, clarines, chirimías, dulzainas, cajas de guerra, arpas, laúdes, vihuelas, guitarras, violines, bandurrias y después órganos, armonios, fortepianos y también pianos. En las líneas que siguen me voy a ocupar de las primeras huellas dejadas por el fortepiano y el piano en nuestro territorio, un período que abarca desde 1787 hasta 1845, año en el que se publicó, en el diario El Oso, la partitura de lo que podría ser el primer vals publicado (y quizás compuesto) en Lima. 

    El fortepiano es el antecesor del piano moderno. Fué inventado por Bartolomeo Cristofori alrededor de 1700. A diferencia del clavicémbalo en el que las cuerdas eran punteadas por pequeñas púas, el fortepiano, mediante el uso de martillos que golpeaban las cuerdas permitía cambios de intensidad  de suave a fuerte.

  ¿Cuándo llegaron los primeros fortepianos a América? El investigador chileno Alejandro Vera nos ayuda con la respuesta ya que ha encontrado en Archivo general de La Nación (AGN), en Lima, documentos de la aduana del Callao que muestran que la llegada de estos instrumentos se dió en la década de 1780: En 1787 ingresaron al Callao "dos fortepianos" ingleses, dirigidos a la ciudad chilena de Concepción y al “asiento de Tacunga”, actualmente en el Ecuador y, en 1790, don Francisco Prats y Domedel ingresó al Callao un “forte piano hecho en Sevilla”, que llevaba a Santiago de Chile para uso personal. Al año siguiente, ingresó al Callao un “Clavecín alemán” que debía entregarse en la ciudad peruana de Jauja a doña Catalina Vivanco. 

    Entrado el siglo XIX ya se encontraban en venta estos instrumentos en Lima. En el periódico El Investigador del Perú del 7 de agosto de 1813 se anuncia la venta de un "fuerte piano armónico superior". 

El Investigador del Perú 07.08.1813 

    Otro documento, ya del Perú independiente, es un manuscrito de 1823 que se encuentra en el AGN referido un pleito por el pago de un pianoforte mandado traer de Jamaica, pleito que se prolongó hasta 1824.

    También es probable, y nos atrevemos a afirmarlo, que las primeras interpretaciones del Himno Nacional del Perú fueron hechas en el piano forte y no en un piano.

    En las décadas siguientes los pianos desplazan a los fortepianos. Los habían de varios tipos: "pianos cuatrilongos" y "pianos armónicos". En los periódicos de la década de 1830 se encuentra con cierta frecuencia avisos de rifas de "pianos armónicos", también de venta de ellos  y venta de música para éstos. 

Telégrafo de Lima - 08.12.1833

    Pero en esa década no sólo se encontraban pianos en Lima. En Arequipa, en 1834, el conde Eugene de Satigues, francés, asistió a diversas fiestas de la sociedad arequipeña. En su libro de viajes describió una dada en su honor. Dice:

Una vez que llegaron los invitados, la dueña de casa fue a buscar a una señora a la que llevó al piano (el resaltado es mío). La dama cantó Di tanti palpiti. Ciertamente lo había oído yo cantar peor en otras partes. En cuanto terminó los hombres invadieron el círculo de las mujeres. Cada cual eligió a su pareja y se comenzó una contradanza española...

    Quizás resulta sorprendente saber que en 1836 ya existía una fábrica de pianos en Lima. En el periódico El Telégrafo de Lima del 7 de marzo de 1836 hemos ubicado el anuncio de una fábrica de pianos "cuadrilongos y armónicos" situada en la calle Plateros. 


    En ese mismo periódico hemos encontrado un anuncio indicando: "Se rifa en 200 acciones un piano armónico de 6 octavas mecanismo nuevo, adornado con un espejo: Sr. Heredia" (TdL del 25 de abril de ese año). 

    En 1840 existía una fábrica de pianos ubicada en la calle Mantas. Un anuncio aparecido en el periódico El Comercio indica que se ha recibido un piano inglés armónico que "toca piano y órgano".

El Comercio 10.01.1840

    Como la ópera se comenzó a poner de moda en Lima, surguió el comercio de venta de adaptaciones del repertorio operístico para piano. Los autores más requridos eran los italianos Rossini, Bellini y Donizetti. El anuncio que mostramos es un "aviso  a los filarmónicos" haciéndoles saber que en la calle Mantas Nº 53 se vendían partituras de "óperas modernas para piano y canto y para piano solo".

El Comercio 01.10.1840

    Por anuncios de El Comercio de 1841 se sabe que en algunos colegios entre otras materias se enseñaba piano. 

El Comercio 01.10.1841

    En la tienda de Juan Poppert se vendía un surtido de música impresa de las óperas modernas más estimadas para piano, "encuadernadas ricamente de canto y sin canto", también "valses de Strauss".

    En agosto de 1841 llegaron a Lima las artistas francesas Adelaida Cavallier, profesora de música y su hija Cecilia Eliza, alumna del Conservatorio de música de Paris. Ofrecieron un "Gran Concierto Filarmónico" en el que ejecutaron ambas en el piano forte "varias piezas de las composiciones modernas de Europa". Quizás fue el primer concierto de piano en Lima.

    En los años siguientes se siguieron publicando anuncios de compra y venta de pianos, de rifas, de colegios en los que se enseñaba piano y anuncios de venta de partituras para piano.

    Algo que nos llamó poderosamente la atención es una ilustración aparecida en el periódico satírico limeño El Oso del 1º de marzo de 1845. (La Biblioteca Nacional de Colombia ha digitalizado algunos números de ese periódico).  

El Oso 01.03.1845

     El Oso tenía como lema una frase en latin del poeta Horacio: "Ridentem dicere verum ¿quid vetat? que traducida significa "¿Que me impide decir la verdad riendo?". El asunto es que en esa edición aparece un grabado representando a una persona zooformizada, al parecer  una gata, tocando en el piano una partitura que lleva por título "Ay pobre osito". (Ver al inicio). Al pié de esa ilustración aparece esta partitura:

El Oso 01.03.1845

    La partitura tiene dos secciones, la primera consta de dos frases  de ocho compases que sólo difieren en los dos últimos compases; la segunda sección también tiene dos frases que son las mimas salvo los dos últimos compases lo que hace un total de 32 compases después de lo cual se repite la primera sección.