martes, 1 de noviembre de 2011

La música en Lima antes de las "peñas"

La música en Lima antes de las "peñas"


¿Dónde escuchaban  música los limeños antes que existieran las peñas? ¿Cómo era el ambiente musical limeño hace un siglo?. Un artículo aparecido en la revista "Variedades" en 1917 nos ofrece un panorama bastante ilustrador de los espacios sonoros de Lima a inicios del siglo XX. Lo reproducimos íntegramente para el beneplácito de nuestros lectores y como una contribución a una nueva lectura de la historia de la música popular peruana.


LA MÚSICA NOCTURNA EN LIMA

                La música a altas horas de la noche ejerce un atractivo extraño. El eco de un pianito callejero, cuyas notas llegan y nadie sospecha de dónde salen, ocultas en la sombra, llevan muchas veces al espíritu una secreta y dulce sensación. Pero hay otras músicas, diversas, inconfundibles, que los trasnochadores de Lima conocen mejor que nadie. La música de los cafetines y cafés nocturnos. Desde el aristocrático Palais Concert, desde el Estrasburgo elegante y caro, que no son precisamente cafetines, hasta el Salón Maximiliano o hasta el popular e incomparable café-salón del no menos popular don Pedro D’Onofrio en la Avenida Grau, hay una diferencia marcadísima y el sello que imprime toda jerarquía. Porque hasta en esto de los cafés y salones nocturnos, hay jerarquías que es preciso reconocer. Pero el alma de todas estas músicas, con las que se trata de distraer al “marchante” que va a  consumir su  chocolate o su café es variadísima. Recorre toda la escala del progreso musical. Desde las flautas primitivas talladas en madera que algunos indígenas tocan en los cafetines nocturnos de último rango, hasta la guitarra zumbadora y alegre, el cajón revolucionario y criollo, la orquestina completa, el fonógrafo y la maravillosa pianola eléctrica. Toda una polifonía insigne y una multiplicidad infinita.


Pero no hay que oír el motivo musical ni en el Estrasburgo ni en el Palais Concert. Las damas y damos del Estrasburgo y del Palais, representantes de la famosa vianesería (sic) de “El Encanto de un vals”, son eternamente inadaptados en nuestro medio. Tocan porque sí, porque es su deber y obligación. La música se torna mecánica, matemática, implacable. Cada diez minutos justos la fraulien directora, arco en ristre, da los tres golpes secos que anuncian que un nuevo número se inicia. Y luego… la historia de siempre: rags, fox-trots que hacen palidecer de emoción a los gringos que excitan una alegría desenfrenada entre los inevitables gringos que han comido fuerte; los vals de operetas y los inconfundibles potpourrits especiales para orquestas de damas vienesas, en los que oye uno, atónito, al lado de un trozo de Wagner, una romanza de La Favorita y entre los dos números, como si dijéramos a renglón corrido, parte de “La Viuda alegre”, o un huaino de  Alomía   Robles y la canción alemana. Y el repertorio se acaba…

Música más típica es la del salón de don Pedro D’Onofrio en la Avenida Grau. Aquel salón enorme, de las pinturas enormes y helados enormes en las conchitas, tiene una fascinación sobre todo el barrio. Bajo las grandes luces, familias íntegras, parejas de enamorados, jóvenes del barrio y otros que no son del barrio, saborean los helados de D’Onofrio, que son servidos por toneladas. Las pinturas son allí famosas. Unos frescos pintados por alguno más fresco que sus mismos frascos, son la decoración del salón. Hay mares que parecen campos de gramalote y lagos suizos convencionales en los que hay una torpediniera  italiana y un bote huachano con tamaña bandera surcando las mansas aguas. Pero allí el atractivo principal es el piano pianola que maneja una persona experta y entendida. El piano de don Pedro es famoso. Es eléctrico y no tenemos noticia de que se haya descompuesto nunca. Su repertorio es bastante selecto: casi todo es ópera. “Questo e il bel canto”, l’unico, il vero. Il bel canto italiano… afirma el dueño.

El fonógrafo del café Can-Cán, merece pasar a la historia. Es algo de lo más típico de Lima. No hay trasnochador que no le conozca y, lo que es peor, que no lo haya oído. Es un fonógrafo que resiste al tiempo y  a la destrucción más de lo que ha resistido Verdún a los alemanes. Es de los modelos más veteranos ya de la Víctor, se le toca y se le torna a tocar incesantemente durante todas las noches hace ya largos años. Los discos son  allí del más legítimo sabor peruano: una sucesión de yaravíes, marineras, cachasparis, tonderos, en los que hacen el gasto Montes y Manrique, los Carusos criollos. Allí, protegiendo la batería de las papas rellenas, el rojo escabeche, el seviche adornado de coronitas de ají y la carne mechada, las costillas acorazadas y los panes dobles, el fonógrafo toma un aire protector marcado. El Can Can es un café favorecidísimo de noche: desde mocitos de la creme hasta los cocheros. Toda la escala social…

El café de Salardi, vulgo el Balkán, es el Fornos de Lima. Un Fornos más pequeño y un poco menos limpio que el Fornos auténtico. Se reúnen allí cuanto cómico taconea en los escenarios de los teatros de Lima; todos los toreros que trasnochan, literatos, artistas, pintores, gentes diversas, todos los trasnochadores patentados. Allí hay poca música. Las conversaciones versan sobre teatros, sobre autores, sobre obas, sobre actores. Los cómicos que han venido desde el sur discuten a Titta Rufo y los entendidos de aquí les contradicen. Alaban a la Parracivini y otros la denigran hasta ponerle como las chufas. Se habla de arte, de los versos de Fulano y de las excentricidades de Mengano. Es de tanto fuste este café Salardi, que ahora se permite tener periódico propio que es leído ávidamente entre todos  los parroquianos: esta revista semanal se llama “El Noctámbulo” (…). Se toma el pelo allí todo el mundo, pero en buena ley. A veces va donde Salardi una orquesta criolla que se arranca con el vals o con la canción de moda y no hay más recurso que soportar a nuestros queridos compatriotas. Otras veces la música es el discurso interminable de cualquier cómico que se mete con cualquier tema, a defenderlo a capa y espada. Cuando Salardi oye hablar de la guerra a los cómicos trata de poner a buen recaudo la vajilla. Sin embargo recordamos haber oído una sensacional conferencia sobre Napoleón el Grande que la sustentó la rolliza tiple, señora doña Laura Obregón.

¿Y qué decir del café Maximiliano y el Umberto? Allí la música es más popular y más vocinglera. Es el criollo piano de manubrio con forro bordado con seda y cuentas de colores y un bordado que dice “Amistad”. Un piano escandaloso cuya única finalidad es despertar a los que duermen sobre las mesas de color indefinible y echar a la calle cuanto antes a los parroquianos que no soporten la música. Allí en amable y archidemocrática mescolanza, alternan los elegantes de Abajo el Puente que se han tardado “arriba” y que empiezan a trasnochar, con un mundo nuevo e indescriptible de los trasnochadores y vagos limeños de baja estofa. La policía muchas veces organiza cacerías en regla en estos salones de los pianos mecánicos y de los mozos sucios y dormilones, como los parroquianos.

Ya veis que la música nocturna es en Lima amplísima y variada. No cabe mayor multiplicidad en el género. Las notas que se van oyendo todavía, cuando nos alejamos del café en donde se pasan las amables horas de charla, repercuten en los oídos, los llenan de sugerencias extrañas. Tal como un excitante inofensivo, producen una inocente y sana alegría en medio de la despreocupación y de la calma que encuentra el espíritu de las horas nocturnas y vibran aún, muy suave y muy quedo, cuando nuestro amo el Sueño pone su mano de plomo sobre nuestros cansados párpados.
El Conde de LOMAS.   





viernes, 24 de junio de 2011

LA FIESTA DE AMANCAES EN 1950

Extraordinario documento que muestra una de las últimas ediciones del Concurso de Música y Bailes Nacionales que se desarrollaba en la pampa de Amancaes. El concurso fue creado en 1927 por el alcalde del Rímac Juan Ríos y tuvo su auge durante el gobierno de Leguía.

La filmación está hecha en rollos de 16mm a color pero sin audio por Watson Kintner y se encuentra en el archivo de la Universidad de Pensylvania
Disfrútenlo

http://www.archive.org/details/upenn-f16-0050_1950_9_Peru

sábado, 28 de mayo de 2011

EL PRIMER HUAYNO CANTADO EN QUECHUA FUE GRABADO POR UN “CRIOLLO”


Si el hecho de saber que en el repertorio musical grabado por Montes y Manrique, “los padres del criollismo”, sean los yaravíes el género predominante -por encima del vals y la marinera- causó asombro,  más asombro causará el saber que el primer huayno grabado – cantado con parte de la letra en quechua- lo haya sido en Lima el sábado 13 de setiembre de 1913 y nada menos por un “gran  criollo” e  integrante de la famosa “palizada”.

EL PRIMER HUAYNO CANTADO EN QUECHUA FUE GRABADO POR UN “CRIOLLO”


Si el hecho de saber que en el repertorio musical grabado por Montes y Manrique, “los padres del criollismo”, sean los yaravíes el género predominante -por encima del vals y la marinera- causó asombro,  más asombro causará el saber que el primer huayno grabado – cantado con parte de la letra en quechua- lo haya sido en Lima el sábado 13 de setiembre de 1913 y nada menos por un “gran  criollo” e  integrante de la famosa “palizada”.

viernes, 29 de abril de 2011


ACLARANDO ACLARACIONES: QUIEN FUE AGUSTÍN EDUARDO MONTES RIVAS?


La primera vez que escuché de Montes y Manrique, fue hace casi 40 años. Recién había llegado a Lima y asistí a una fiesta en el Rímac en la casa de un tío que tenía una guitarra y muchos otros instrumentos. Como ya “chapaleaba” la guitarra tuve que acompañar a uno de los invitados que cantaba muy bien los valses, y en un momento de la fiesta cantó ese que dice:

           “Así es mi Lima criolla,
           alegre y jaranera la tierra
           tres veces coronada
           donde nació la marinera,
           que con cajón y repique,
           en los barrios del Rímac
           de antaño, le dieron colorido
           Montes y Manrique,
           padres del criollismo”.

       Los que conocen ese vals del “Chato” Raygada, saben que antes de cantar la parte que dice “Montes y Manrique”, hay que hacer un “obligado” en la guitarra, sin lo cual hay un silencio y el vals se cae. El hecho es que en esa oportunidad no hice el “obligado” y la interpretación se detuvo…  me disculparon porque tenía sólo 16 o 17 años y “me faltaba”.

            Fue de esa manera que en mi mente quedaron grabados los nombres, más correcto es decir los apellidos, de estos míticos cantores. Aprendí que eran “padres del criollismo” pero ni siquiera sabía sus nombres, después supe que eran Eduardo Montes y César Manrique (debo confesar que durante un tiempo no recordaba con precisión quién era el cantante y quién el guitarrista) y tuvieron que pasar más veinte años antes que escuchara por primera vez las grabaciones de este dúo: -“Discos marca Columbia…”.

            Con la aparición del “sonido digital” se hizo posible “limpiar los audios”. Algunos discos de Montes y Manrique y las cintas magnetofónicas que de ellos hicieron y conservan algunos coleccionistas fueron digitalizadas y grabadas en CDs, que no tardaron en aparecer en el mercado negro: “sólo para coleccionistas”. Algunas de los audios llegaron a “Youtube” y de esa manera la casi totalidad del repertorio está accesible, aunque “sólo para coleccionistas”.

            También fue en Internet  que comenzaron a publicarse artículos relacionados a la música criolla, investigadores acuciosos como Darío Mejía, comenzaron a “colgar” artículos de “filigrana”, donde uno podía enterarse de detalles, nunca antes dados a conocer, de las canciones y de la vida de los intérpretes de la lírica popular. Al mismo tiempo comenzaron a salir a flote las “controversias”, los datos que echaban por tierra viejas creencias.  Algunos se sentían confundidos, se quejaban que ciertas publicaciones en vez de aclarar confundían más, pero ya no había marcha atrás, se había iniciado una nueva etapa en el conocimiento de nuestra música tradicional.

            Pero aún así hay grandes lagunas y una de estas está relacionada con Montes y Manrique. A pesar de que prácticamente no hay artículo o libro en que no se les mencione, al perecer se desconoce o se evita escribir los apellidos maternos de estos personajes. Y sobre sus fechas de nacimiento y otros datos de su vida, existe una gran confusión. Esto se reavivó hace pocas semanas cuando el reconocido periodista Marco Aurelio Denegri, en su programa televisivo “La función de la palabra” del 23 de marzo de este año comentó la publicación de Montes y Manrique 1911 – 2011 Cien años de música peruana (compilación y textos de Fred Rhoner y Gérard Borras). En la página 8 del libro que acompaña los discos se lee:

“¿Quienes fueron Eduardo Montes y César Augusto Manrique? Eduardo Montes nació el 27 de agosto de 1872 en Barrios Altos. Manrique nació en ese mismo barrio (La Huaquilla) en 1880”.

            MAD (Marco Aurelio Denegri), contrapuso a esos datos las fechas que aparecen en el libro Canción Criolla memoria de lo nuestro  de Manuel Zanutelli Rosas:
               
“A Eduardo Montes lo bautizaron en la parroquia de Santa Ana el 10 de julio de 1876 de cuatro meses y tres días. (…) A César Augusto Manrique le pusieron óleo y crisma el 13  de diciembre de 1878, aunque había nacido  el 27 de setiembre de ese año (pp. 69,70)

 Como Zanutelli cita la fuente de donde tomó esos datos (los libros de bautizos que se encuentran en el Archivo Histórico Arzobispal de Lima) y Rhoner-Borras no lo hacen, MAD, le dío la razón a Zanutelli. Pero ya años atrás Darío Mejía había tocado el asunto y analizado la “historia” de estas confusiones. 

El asunto es que en una entrevista que, en 1936, la revista “Cascabel” hace a Montes y Manrique, éstos mencionan que las fechas de sus santos eran el 28 de agosto, de Montes  (aunque en “Cascabel” está escrito “18 de agosto”, ellos indicaron que era la misma fecha en que se embarcaron para Nueva York y Darío Mejía encontró el anuncio  publicado en “El Comercio”, que prueba que la fecha de embarque fue el 28 de agosto) y el 25 de setiembre de Manrique.

Entonces cómo se equivocó Zanutelli? El problema es que Zanutelli no sabía el apellido materno de Montes y en el libro de bautizos de la Parroquia de Santa Ana, correspondiente a 1876, efectivamente figura la partida de bautizo de Eduardo Montes Fernández (Zanutelli en su libro escribe Hernández), Zanutelli creyó que se trataba de nuestro famoso cantante.

Darío Mejía en 2008 ya había ubicado, en la “Sociedad de Beneficiencia Pública de Lima”, el certificado de inhumación de los restos de Eduardo Montes Rivas de “64 años”, documento fechado el 1º de abril de 1939. Faltaba ubicar la “verdadera” partida de bautizo. Nos ha tocado esa tarea y así lo hicimos: El 11 de setiembre de 1874, en la Parroquia de San Lázaro (en el Rímac) fue bautizado Agustín Eduardo de 15 días de nacido, hijo legítimo de Manuel Montes, de Yungay y de Jacoba Rivas de Lima.

Como en la partida dice de “15 días de nacido” se pensaba que había nacido el 27 de agosto. Pero, como se ha señalado líneas arriba, la fecha exacta debe ser el 28 de agosto y no el 27. Posiblemente contaron mal o le pusieron 31 días a Agosto. Un argumento más: en el santoral católico el 28 de agosto se celebra a San Agustín. En el Perú no es raro tener, en las partidas de nacimiento y documentos de identidad, una fecha diferente a la fecha de su cumpleaños pero nadie celebra su santo en un día diferente al suyo (a excepción de los nacidos el 29 de febrero).

Lamento que, cuando Marco Aurelio Denegri me vino a visitar para escuchar las primeras grabaciones de cajón realizadas en Lima en 1913, (En su programa del 9 de febrero había citado mi trabajo donde doy a conocer la fecha en que por primera vez se grabó el cajón, pero él no sabía que yo tenía esas grabaciones) aún no tenía estos datos para dárselos.

Luis Salazar Mejía