viernes, 26 de agosto de 2016

La obra de Felipe Pinglo Alva 
Patrimonio Cultural de la Nación

El gobierno peruano, mediante una resolución publicada el día 20 de agosto de 2016,  en el diario oficial El Peruano,  declaró la obra musical de Felipe Pinglo como patrimonio cultural de la Nación, por su valor cultural, vigencia, actualidad y representatividad en la música tradicional del país.
Sin embargo sobre la vida y la obra musical de Felipe Pinglo, existen muchas interrogantes y para contribuir a despejarlas vamos a publicar algunas notas relacionadas al tema. 
Uno de los documentos que no es conocido ni citado en su integridad es la entrevista que un periodista del cancionero "La Lira Limeña", realizó a la viuda del compositor, Hermelinda Rivera, a principios de junio de 1939, a sólo tres años de fallecido el vate criollo. La entrevista fue publicada en los números 465 al 470 de dicha revista entre el 16 de junio y el 20 de julio de  ese año. El periodista que realizó la entrevista no quiso que su nombre apareciera  y firmó con el seudónimo de AMADOR. La publico in extenso por contenedor abundante información que necesita ser comprobada y contrastada con otros documentos.


Unos minutos con la señora Hermelinda viuda de Pinglo

                Las 5 de la tarde de un domingo invernal y nuestro carro cruza vertiginoso el Puente Balta. De soslayo y como una evocación surge a nuestra vista el Rímac ya crecido que en la lejanía semeja sutil espejo de plata perdido entre la enhiesta maleza. Taciturnos y displicentemente arrellanados en los asientos pensamos en el objeto de este viaje en esta tarde lánguida que se nos muestra ahora en toda su deprimente visión, al entrar a la barriada de Cantagallo, el lugar de los genuinos criollos de honrosa tradición. Deseamos saber y conocer algo de la vida del desaparecido bohemio, alma máter de nuestra criolla canción, su vida íntima hasta donde fuera posible, las circunstancias que antecedieron a su muerte, el fatal epilogo del ser humano. Tarea de suyo delicada pensamos. Vamos a retrotraer y despertar adormecidos recuerdos de horas lúgubres, a hacer quizás derramar lágrimas de profunda amargura y a evocar con honda, dolorosa, agobiadora tristeza la figura de Felipe Pinglo para quién la muerte fue como la corona que ciñera la gloria en sus sienes para hacerlo inmortal.
Hemos descendido del auto y a grandes pasos ganamos terreno en el mismo corazón de la barriada, A un lado adivinamos el Rímac por el trepidar de sus aguas, al paso que unos arrogantes arbustos nos dan la impresión de hallarnos en una gigantesca huerta. Al otro: una heterogénea fila de casitas en cuyas puertas asoman diversidad de rostros. Hasta nosotros llega el trinar de una vihuela y dos voces varoniles se escuchan en un sentimental vals. Avanzamos rápidamente inquiriendo los números de las casas. De repente se presenta a nuestros ojos la figura de un callejón típicamente limeño. Entramos dejando a la puerta de la majestuosa y nada tranquilizadora figura de un fornido can que nos ha mirado sin mayor apuro y que luego se despereza muellemente.
¿El cuarto que ocupa la señora viuda de Pinglo? preguntarnos a la “portera” que con cierto recelo nos indica uno que está a la entrada.
Con indescriptible emoción nos hemos acercado a la puerta como sobrecogidos de religioso respeto. No percibimos un solo ruido. ¿No habrá nadie? pensamos.
En silencio hemos interrogado a la portera quien nos indica que si “están allí” y luego se hunde entre el laberinto de las destartaladas especies que llenan el perímetro de su alcoba encogiéndose de hombros.
Unos golpes nerviosos, fuertes, demasiado fuertes para turbar la tranquilidad de esa casa, hemos dejado oír. Unos pasos menudos se acercan y al girar la puerta con discreto movimiento deja al descubierto la fisonomía de una señorita de agraciado aspecto en el que la similitud de los rasgos nos indican que se trata de la hija del llorado maestro
¿La Casa de la señora viuda de Pinglo? preguntamos.
Si señor —nos responde—; pero tengan la bondad de pasar y tomar asiento que voy a llamar a mamá.
 Hemos tendido nuestros ojos por la habitación bastante humilde y devoramos inquisitorialmente lo que se ve en ella. De las paredes penden retratos, afiches y cartelones relativos a la memoria de Pinglo. En una mesita que se encuentra al centro de la habitación, hay un retrato del inmortal criollo con la apacible mirada del artista enfermo. Unas cuantas sillas dispersas en la alcoba  (continuación) nos delatan elocuentemente la humildad de los que en ella habitan.
¡Cuánta pobreza en casa del insigne compositor peruano, patriarca de nuestras canciones meditamos y cuánta ignominia de todos aquellos que han aprovechado de sus obras, hurtando el patrimonio intangible de sus producciones dejado a la viuda y a sus menores hijos. A todos ellos hemos de desenmascarar en las páginas de “La Lira Limeña” con la franqueza que nos caracteriza para que llegando a conocimiento de las autoridades competentes se ponga coto al incalificable abuso que se ha cometido y se sigue cometiendo con los descendientes del noble criollo, apropiándose ilícitamente de sus composiciones para utilizarlas con fines mercantiles …Nos saca de nuestra meditación la presencia de la señora Hermelinda Rivera viuda de Pinglo quien como es natural no oculta su sorpresa ante nuestra visita.
Somos de “LA LIRA LIMEÑA” explicamos. —Queremos entrevistarla para hacer conocer a nuestros lectores algunos aspectos inéditos de la vida de su ilustre esposo.
La honorable viuda del recordado maestro parece algo desconcertada ante nuestros requerimientos; pero rápidamente a la vez que nos ha invitado a tomar asiento, nos manifiesta que está a nuestras órdenes.
Y comienza nuestro interrogatorio, el eterno y monótono interrogatorio periodístico. Sabemos que nuestra acuciosidad atraerá nostalgias dolorosas de pasadas horas; que nuestras interrogaciones descarnadas y brutales serán el despertar de recuerdos para aquellos seres a quienes el tiempo solo ha servido de paliativo y que al entrar con el alma entristecida en los dominios de lo pasado, nuestra imaginación inquieta vivirá con el relato que salga de los labios de la que fue la fiel compañera de su la vida para admirar una vez más la grandeza del hombre que consagró su musa a la canción criolla.
Felipe nació en Lima el 18 de julio de 1899 nos habla la señora Hermelinda del matrimonio de don Felipe Pinglo y de Doña Florinda Alva. Desde pequeño mostró grandes condiciones artísticas que al llegar a la pubertad aflorarían en toda la gama exquisita de su innegable valía. Cursó su Instrucción Media en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe distinguiéndose como alumno ejemplar y estudioso estimado sobremanera por sus condiscípulos y maestros. Desde entonces empezó a manifestarse en él la irresistible vocación por las composiciones criollas como complemento de sus aficiones musicales que a los 17 años se manifestaban ostensiblemente en el canto y en el tocar de la guitarra y la flauta,- Nos conocimos en el año 1916 y celebramos nuestro matrimonio en el año 1919 cuando la Gran Guerra habla terminado con toda su horripilante violencia.
¿Puede indicarnos cual fue su primera composición?
“Amelia” un vals nos responde prestamente la Señora viuda de Pinglo, siendo “Hermelinda” otro vals, su obra póstuma, compuesta en mi honor, cuatro días antes de morir.
¿Cuántas composiciones ha dejado hechas?
Cerca de doscientas—nos dice—entre las cuales están incluidas las que ya son sobradamente conocidas, como “La Oración del Labriego”, “El Plebeyo”, “Mendicidad”, etc.— ¡Carmen! dice de pronto—tráeme las composiciones de tu padre que están en el ropero.
Pasan unos instantes de silencio e irrumpe en la habitación la gentil hija del maestro. La contemplamos a nuestro sabor mientras con delicadeza y gracia eminentemente femenina desenvuelve el legajo de papeles que ha traído. Es una morenita de agraciado rostro que frisa en los 15 años. Sus grandes ojos negros tienen el mirar de su noble padre y se sonroja al mirarnos.
 Vean Uds.— nos dice la viuda todas estas son las composiciones de Felipe.
Presas de viva emoción cogemos esos papeles en los que volcó toda su alma el criollo. Desfilan ante nuestros absortos ojos diversas letras. Hay infinidad de versos, ora melifluos y liricos, ora enérgicos, dramáticos y dilapidadores.
En todos ellos se trasunta el signo incontrovertible del artista. Al buen tun tun tomamos uno; se trata de la Polkita “Alejandro Villanueva” inspirada en la personalidad del maestro del foot ball peruano.
(continuación)
Desconocida para muchos esta polkita de puro sabor criollo, es una apología entusiasta de las virtudes futbolísticas del popular morocho del “Alianza Lima”. Cogemos otra: lleva por título “Senectud” y es un vals compuesto en el mes de Enero de 1936. Luego gozamos de las delicias de saborear «Terroncito de Azúcar» un one-step muy poco conocido. Así sucesivamente desfilan ante nuestra vista otras producciones, todas saturadas del más puro criollismo.
La hija del maestro ha abandonado la pieza y ahora frente a la viuda nos disponemos impertérritos, a continuar nuestro interrogatorio.
¿Díganos ahora en qué fecha falleció su esposo y cómo fueron sus últimos momentos? preguntamos fríamente.
Tengo tan presentes todos estos detalles—nos responde—como si hubiera sucedido ayer. Ocho años antes de su fallecimiento ocurrido el 13 de mayo de 1936, se notaron en él, síntomas de diversas enfermedades que después atormentarían su vida. Con gran resignación sufrió todos sus males  que visiblemente empeoraban con el trascurso del tiempo, lo que hizo necesario su internamiento en un hospital del cual salió ocho días antes de morir. Ya en casa fue un gran consuelo para nosotros tenerlo a toda hora y atenderlo solícitamente como era natural, A este respecto, nos dice luego con énfasis la viuda, no puedo menos que testimoniar elocuentemente el agradecimiento sin límites que guardo para todos sus amigos que siempre estuvieron a su lado alentándolo en todo momento, hasta que llegó el fatal día 13 de mayo en el que a las cinco y treinta de la madrugada falleció en mis brazos rodeado de sus hijos y amigos y en pleno uso de sus facultades mentales... 
Ha llegado el momento cumbre de este sencillo relato; nuestra brutal curiosidad ha sido el punzante  bisturí que ha ahondado la cicatrizante llaga. La señora Hermelinda viuda de Pinglo no puede más, grandes sollozos ahogan su voz….   Hondamente consternados ensayamos algunas frases de consuelo; frases huecas, entrecortadas, incoherentes, sencillamente vulgares con lo que pretendemos mitigar un dolor que se muestra con toda elocuencia.
El panorama de esta tarde triste parece haberse contagiado del ambiente. Mientras que por ahora un silencio eterno para nosotros reina en la habitación, desde nuestra indolente silla contemplamos a través de una ventana discretamente abierta el aspecto mortecino de la tarde que fenece, mientras que bruscamente las sombras de la noche comienzan a manifestarse con lo negruzco de sus tonos. En la habitación inmediata escuchamos sollozar quedamente a Carmencita la hija del artista. Es una escena a la que no hubiéramos querido arribar.
Carmen—dice de repente la viuda—trae a tu hermanito.
Aquí tienen ustedes a mis hijitos nos dice con orgullo la viuda, Carmencita a quien ya conocen y a Felipe Alejandro Pinglo Rivera. Tenemos a nuestra vista al varoncito que cuenta en la actualidad con trece abriles; es un adolescente de mirada altiva y ademanes finos. Nos tiende la mano muy cordial y luego se retira en unión de su hermanita a la pieza inmediata.
La presencia de su hijos a reconfortado grandemente a la señora Hermelinda que más sosegada ahora nos dice: Mis hijos y las composiciones de Felipe es lo único que me queda. Carmencita estudia en la actualidad Comercio en la Escuela Nocturna del Corcovado y mi hijito sigue su Instrucción Primaria en una Escuela Fiscal.
Si la pregunta no es indiscreta—insinuamos—podría decirnos en que se ocupa Ud.?
Yo vivo de mi trabajo; atiendo a los quehaceres de mi casa y coso algo y ayudo (continuación) a la vez a Carmencita en la labor de enseñar a los pequeños que vienen a la “escuelita” que tenemos en casa; aquí les enseñamos las primeras letras—nos dice—y Carmencita los quiere y los mima mucho, enseñándolos a deletrear y a persignarse. Los chicos sienten verdadera adoración por ella. No ocultamos una sonrisa ante la sencillez del relato.
¿Y ha sacado Ud. algún provecho de las obras de su esposo? ¿Ha sido protegida en alguna forma?
 ¡Ay!—Nos responde con amargura.—He sido muy explotada. Gentes inescrupulosas aprovechándose de que las composiciones no estaban registradas y valiéndose de procedimientos innobles y tinterillescos se han apropiado de alguna de ellas, llegando en su criminal conducta hasta querer negar la autenticidad de las obras de Felipe. Abusaron y continúan abusando de estas circunstancias para hacer impresiones musicales, supuestos “arreglos”, representaciones cinematográficas a base de los cantos de mi esposo que sirvieron muchas de las veces de inspirado argumento, teatralizaciones de algunas de sus obras sin ningún derecho y con fines evidentemente lucrativos, sin que a mí se me haya tomado en cuenta para nada y dándome únicamente la irrisoria suma de S/. 40.00 por la música de “El Plebeyo” en tanto que la empresa que explotó la obra a la que sirvió de argumento la referida música obtuvo muchos miles de soles. Toda esta serie de atropellos se ha realizado ante la indiferencia realmente inexplicable del “Centro Musical Felipe Pinglo” de quien dicho sea de paso no merezco absolutamente nada.
Ha anochecido rápidamente y desde nuestro asiento espectamos un pedazo de cielo, un trozo de espacio encajonado entre los moldes de la entreabierta ventana. Por entre ella asomamos nuestras cabezas; titilan en lo alto algunas estrellas, en tanto que ha hecho una breve pausa la señora Hermelinda en lo más sensacional de su relato…
 Las últimas frases las hemos escuchado como adormecidos v desconcertados ante tanta infamia y sentimos que la indignación se nos sube al rostro.
—Trae un poco de luz Carmencita— ordena la viuda. Carmencita no se hace esperar y aparece con un bonito lamparín que esparce claridades difusas por la habitación en todo lo que puede abarcar sus débiles rayos, dejando en una agradable penumbra el resto de la alcoba.
La indignación que mostramos se traduce en un nervioso movimiento de nuestro cuerpo en la paciente silla y no podemos menos de condenar acremente las vilezas cometidas.
¿Es posible exclamamos—que se haya cometido tales abusos con Ud.?
Con un leve movimiento de cabeza asiente la viuda a nuestra interrogación, y no puede ser de otro modo, en efecto. Recordamos haber visto en algunas editoriales musicales algunas músicas del malogrado maestro, presentadas como “arreglos”; recordamos haber asistido a algunas películas de una conocida Empresa Cinematográfica Nacional que se inspiraban en varias producciones de Felipe Pinglo y nos consta que se ha teatralizado recientemente otra de sus composiciones y sabemos que se encuentra en plena preparación otra teatralización y respecto del “Centro Musical Felipe Pinglo”, recordamos que éste organizó una función a beneficio de la viuda y los hijos del llorado bohemio en el Teatro Segura.
—Pero señora—decimos—¿y el producto de las funciones organizadas por el “Centro Musical Felipe Pinglo” a beneficio de Ud. y de sus hijos que constituyo un éxito enorme tanto artístico como de taquilla, no la alivió siquiera discretamente?
(continuación)
¡Ay señor!—nos dice con profundo desconsuelo la viuda—De esa función sólo obtuve la satisfacción de poder constatar como estimaban a mi esposo y sólo recuerdo que el Centro Musical me proporcionó únicamente los pasajes para concurrir a la función y después para conducirme a mi domicilio, sin que después haya obtenido yo algún otro beneficio.
Nuestra reacción ante la monstruosidad de este hecho se traduce en una risa forzada por decir lo menos y omitimos calificarlo por ahora a fin de dejar a nuestros lectores libertad para apreciarlo.
Un silencio sepulcral ha sellado las últimas frases de la viuda, turbado únicamente por el tenaz chisporroteo del lamparín y por uno que otro suspiro entrecortado de la Señora Hermelinda Rivera viuda de Pinglo. De repente una voz clara, pastosa, de fino timbre se deja escuchar en aquello de:
“Que fue de tu belleza”
Que fue de tu hermosura, etc.
Estamos seguros que esa voz no puede salir de otra garganta que no sea la de la simpática hija del maestro, a quien íbamos a guardar “el secreto” de poseer una hermosa voz y un gusto que ya quisieran tener muchas y muchos de nuestros criollos que pululan en nuestras emisoras.
Con una sonrisa en la que se infiere una rebosante satisfacción nos manifiesta la viuda que en efecto se trata de su hijita que está interpretando el vals “Porfiria”.—Al finalizar no podemos menos que aplaudir sin reservas y aún a riesgo de que se desnaturalice el cariz de la interviú a la gentil Carmencita.
Mi hijita es una gran aficionada a la música y al canto—nos dice con tono jovial la señora viuda de Pinglo.—Hay que oírla interpretar las piezas de su padre y a propósito—continúa la viuda—nosotros escuchamos continuamente las audiciones que propalan algunas broadcastings y no podemos menos que lamentar profundamente el enconado destrozo que hacen algunos intérpretes, de las músicas de Felipe, particularmente con el vals “Porfiria” que hoy está en boga, el que es cantado en forma enteramente diferente del original, con lo que se le resta naturalmente toda la belleza y armonía que el encierra.
La sombra de amargura, de desconsuelo de letal decepción que se cernía sobre el rostro de la señora Hermelinda viuda de Pinglo, parece haberse despejado.
Como en anterior ocasión hemos advertido que al hablar de sus hijos se columbra en sus ojos una esperanza y sus palabras son más firmes y plenas de lógico optimismo. Y es que ellos lo constituyen todo para ella. Hundida entre las paredes de esta alcoba, desconocida para muchos, indiferente para otros, olvidada para todos, consagra su existencia a la vida de sus vástagos.
La vida con su devenir incesante y monorrítmico como dijera Azorín, pasa por aquella casita de la barriada de Cantagallo a cuyo frente se desliza el Rímac ya crecido, con la inconmensurable variedad de sus aspectos. Muchos inviernos como el que hoy pasamos desataron su inclemencia sobre la honrada casa del genial maestro. Vino luego primavera con sus flores y el estío con sus frutos y la vida siempre la misma en aquella pintoresca casita. La vida siempre la misma, quieta y cotidiana (para repetir a Azorín) deslizándose en esta alcoba en la que frente a la señora Hermelinda Rivera viuda de Pinglo hemos divagado algunos minutos…
Turba nuestra meditación unos golpecitos dados a la puerta. La señora Hermelinda se yergue rápidamente y se dibuja en el marco de la puerta la figura de un chiquitín y de una señora ya entrada en años.
¿Cómo está Ud. señora Hermelinda? Aquí vengo a matricular al pequeño—habla con cierta garrulería la visitante.

(Continuación)
N. de la R.— El autor de esta interesante interwiew a la que damos término en este número es un conocido y popular elemento de la Radio que por razones personales nos ha suplicado que no expresemos su nombre. Cumplimos gustosos este encargo y guardamos fielmente el incógnito hasta que la ocasión haga indispensable su revelación. "AMADOR" es el seudónimo con el que en adelante escribirá exclusivamente para "La Lira Limeña" y para la futura revista "Melodías"

El chiquitín se ha desprendido entre tanto de la mano de su acompañante y ahora en brazos de Carmencita que ha acudido a la visita nos mira con sus ojos glaucos y regordetes un tanto perplejo. La viuda ha despedido a la señora que parece ser abuelita del pequeño y ahora Carmencita lo acosa a preguntas mientras que con singular ternura le acaricia el rostro y arregla la desordenada cabellera del parvulito.—¿Conoces las letras?—le pregunta.—Vamos a ver has la señal de la Cruz!
El chiquitín un tanto huraño como es natural a esa edad, mira al suelo y por los pucheros que hace adivinamos un chaparrón de lágrimas y gritos. Comprendiendo esto Carmencita se lo lleva en vilo entre alegres risas y sonoros besos.
Es un nuevo alumno nos dice riéndose la viuda Ya se acostumbrará. Todo está en que tome confianza y cariño Carmencita.
Efectivamente señora—respondemos con un resuello que quiere ser un suspiro de impotente envidia por las caricias espontáneas prodigadas por la simpática hija del maestro. ¡Quien pudiera ser niño, pensamos! ¡Quien pudiera ser niño para que nos trataran con ese mimo y esa extremada bondad con que Carmencita obsequia a los pequeños…
Un viejo reloj de pared en la pieza inmediata ha medido lentamente unas horas; las suficientes para darnos cuenta que debernos ya poner término a la entrevista. Estamos ya en plena noche de típico cariz invernal. Hemos pasado algunos momentos que nos ha parecido toda una vida. A través de las narraciones que nos ha hecho la señora Hermelinda viuda de Pinglo hemos seguido como en una proyección cinematográfica, los sucesos más resaltantes de la vida del genial maestro que en la madrugada del 13 de mayo de 1936 abandonó este Mundo, “inquieto, artero y falaz” que dijera en una de sus magistrales producciones. Nos despedimos con un cariñoso saludo y con la efusión propia de la admiración hacia los descendientes del autor de “Porfiria”. Salimos: el panorama de esta noche nos invita a la meditación. Mientras rápidamente ganamos la salida atravesando el tortuoso callejón que describiéramos anteriormente, surge a nuestra vista pero en una indescifrable visión la vegetación que cubre las márgenes del Rímac. Ahora más cerca distinguimos las siluetas de los gigantescos arbustos que viéramos hace algunos momentos. Sopla un ligero viento que hace estremecer sus ramas en vaivén rítmico y majestuoso. Dicen que por los contornos habita otro criollo que ya destaca en el ambiente: Pedro Espinel que se inspiró en este panorama para componer su polkita “La Campesina”. Es amplia ahora la visión que tenemos de esta noche tan llena de emociones en tanto que atravesamos e irrumpimos en plena barriada de Cantagallo. La luna en lo alto de su carrera nos prodiga la fronda de sus rayos en tanto que en la cima del San Cristóbal, en lo alto, allá casi en lo inaccesible brilla la Cruz del Redentor con sus brazos dirigidos hacia la Tres Veces Coronada Villa. Es imponente el espectáculo que nos ofrece la mística visión del San Cristóbal con su luminosa Cruz que surge de su enhiesto pico y se eleva al infinito con los brazos abiertos para aprisionar en ellos el corazón de la Católica ciudad de los Virreyes, ¡Sublime espectáculo de esta soberana Cruz levantada por la piedad limeña en la cúspide de su más elevado cerro como ostensible prueba de convicción y fe! Ha de brillar ella por los siglos de los siglos y ha de abrigar bajo sus pies que a ellos les están rendidos los miles y miles de almas que todas las noches al encenderse en la inconmensurable altura le rinde el tributo de su acendrada piedad. Estamos ya en pleno Puente de Balta y mientras el ronquito, del motor de nuestro “Ford” nos indica que va a partir pensamos todavía en la casita que hemos dejado hace algunos momentos en donde quedan los descendientes del gran compositor. Rueda el carro y todavía entre el cristal del automóvil divisamos como una constelación, grandiosa, única, universal la Cruz del San Cristóbal con sus amorosos brazos extendidos y aprisionando el corazón de la noble ciudad de los Virreyes.
AMADOR

sábado, 8 de agosto de 2015

EL CAJÓN PERUANO: Notas complementarias


EL CAJÓN PERUANO: Notas complementarias I [1]
Luis Salazar Mejía

                En el presente trabajo, se ha reunido un corpus documental ordenado cronológicamente, que tiene como objetivo ofrecer a los estudiosos información que complementa los estudios realizados sobre el cajón peruano (Santa Cruz 2004, Denegri 2009). Creo que la información que adjunto va a ser de utilidad para conocer con mayor precisión al cajón peruano y sus primeros intérpretes.

1671

Juan José Vega, en su artículo “Los inicios de nuestro cajón” publicado en “La República” (24.06.2001:28), cita a Rubén Vargas Ugarte, quien en su libro “Historia del Santo Cristo de los Milagros” escribe:

Auto del 3 de setiembre de 1671, José Laureano de Mena, Fiscal del Juzgado Eclesiástico; Juan de Uria Notario Eclesiástico:
“Eran como las siete de la noche cuando la curialesca comitiva hizo su aparición en el corral de Pachacamilla, no sin algún revuelo de los asistentes que vislumbraron el temporal que se amenazaba.  Allí pudieron verificar que en la pared del mismo  estaba pintada una imagen del Cristo Crucificado y que el concurso de los devotos de ambos sexos vendría a ser como doscientas personas. Como el intento de los comisionados era sólo darse cuenta de lo que allí ocurría, no se opusieron en lo más mínimo a que la función siguiese su curso ordinario y así los músicos, acompañados de arpa y cajón, empezaron a cantar una lamentación, o como se dice en criollo, un triste y el verso del salmo Miserere: Tibi soli peccavi. (p.19)

Pienso que el texto no es de 1671, sino más bien pertenece a Ugarte. Términos como “curialesca comitiva”, dudo que puedan ser del siglo XVII.


1824
Heinrich Witt, viajero alemán que estuvo en Valparaíso en setiembre de ese año escribió en su diario lo siguiente:

(…) Seguí a unos caballeros chilenos a una chingana donde la gente de clase más baja se divertía bailando entre ella. La chingana estaba iluminada por varias velas de cera que colgaban del techo. Los músicos eran un hombre que tocaba la guitarra, otro que tocaba el arpa, el tercero que golpeaba una caja vacía, y su música estaba acompañada de un canto discordante. Los bailarines eran un marino chileno y una mujer más o menos bien vestida, con flores en el pelo y con un pañuelo de bolsillo blanco en la mano, el cual ella movía con cierta gracia; los bailarines se aproximaban y se retiraban sin tocarse nunca. Los pasos que hacían eran cortos, no había movimiento violento y, de no haber sido por lo largo del baile, no hubiera sido fatigoso. (WITT, 1992:29).

1834
Eugene de Sartigues, viajero francés que viajó por el Sur del Perú, Arequipa, Cuzco y Puno en 1834. En Arequipa observa:

Una mañana y casi en vísperas del día en que debía dejar Arequipa, las campanas empezaron a repicar. A las diez hubo una gran procesión. Vi salir la imagen de la Virgen precedida de doce indios grotescamente vestidos y que saltaban como osos, sin gracia ni compás. Coros de niños, coro de religiosos de San Francisco, coro de indios hombres y mujeres, de blancos, de negros, todos cantaban en tono diferente, acompañados por un buen número de violines, de grandes cajones, de arpas y de guitarras. Nada faltaba a la fiesta. Los espectadores estaban de rodillas. Cohetes y petardos estallaban por todos lados. (1947:20).

En Lares Cusco, asistió a una fiesta religiosa donde en los regocijos públicos observó que:

Cada altar tenía su orquesta, invariablemente compuesta por una arpa, dos violines y dos guitarras, además de una especie de timbalero cuya ocupación era la de golpear con ambas manos sobre la caja del arpa para acompañar la música. En donde quiera que aparecía una arpa había también un timbalero. Los indios, hombres y mujeres, pasaron todo el día bailando tristemente cachuchas y yaravíes, (…) (1947: 96).

José María Blanco, quién en 1834 acompañó al entonces presidente Orbegoso en su viaje al sur del Perú, describe los “usos y costumbres” de Ayacucho. Al referirse a las danzas dice:

“En sus diversiones y fiestas públicas bailan los indígenas de huailias, danzantes, panalibios y diablos.
Los diablos se visten de varios colores y cuernos, llevando todos ellos espuelas grandes en los pies y quijadas de borrico en las manos con campanillas, acompañando con todo esto el compás de la caja y guitarra con que bailan” (1974:70).


1844
Max Radiguet, estuvo en Lima entre 1844 y 1845. En Souvenirs de l'Amérique Espagnole (Paris, Michel Levy Fréres, Libraires Editeurs, 1856, Biblioteca Digital Andina), escribe:

L'orchestre, si l'on peut nommer ainsi la force instrumentale qui jetait aux danseurs le mouvement rhythmique, se composait de deux guitares dont on faisait vibrer toutes les cordes à la fois, d'une table sur laquelle on tambourinait avec /60/ les poings, et d'un chœur de voix discordantes.

(La orquesta, si se puede llamar así, a la fuerza instrumental que lanzaba a los bailarines el movimiento rítmico, se componía de dos guitarras, de las que se hacían vibrar todas las cuerdas a la vez; de una mesa sobre la cual se tamborilleaba con los puños; y de un coro de voces discordantes). (p.38)
JOSÉ MANUEL VALDEZ Y PALACIOS en su VIAJE DEL CUZCO A BELEN EN EL GRAN PARA (POR LOS RIOS VILCAMAYO, UCAYALI Y AMAZONAS) Editada en Río de Janeiro entre 1844-1846, al describir las quebradas de Taray, Calca y Urubamba y de los valles de Santa Ana, desde la población de Lary hasta la misión de Cocabambilla escribe:

El baile popular se divide en diferentes clases, cada una con una denominación propia, como la zamacueca, la mariquita, la mariposa, etc., es en su letra una especie de pie quebrado. La guitarra rompe primero con un sonido suave y melancólico en mi mayor, pasando alternativamente y sin variación a mano izquierda de una posición a otra, y la derecha hiriendo las cuerdas a lo rasgado primero dulce y blandamente y luego después fuerte y estrepitosamente, según la intención de la copla. Al comenzar el canto entra la bailadora sola o acompañada por su pareja y los músicos imprimen en las cuerdas su buen gusto y su sensibilidad. En ese momento, el que canta o el que toca y la que baila, se unen con sentimiento propio, se exaltan, se entusiasman, el primero con sus trémolos, el segundo con sus suspiros y tristísimos gorjeos y la tercera con sus mágicos movimientos arrebatan de tal modo a la concurrencia que todos prorrumpen en monosílabos de placer y en gritos de entusiasmo. Entretanto, algún decano, ya por sus años, ya por su voz averiada, lanzado como un pseudo cantor u otro aficionado que espera a su vez desvelar su copla, con los dedos sobre la mesa o con palmadas, marca el compás y la medida de la orquesta. (p.32)

1848
BOTMILEAU, A. de escribe:

(…)  Estamos, por fin, en la pampa de Amancaes. Hombres y mujeres han echado pie a tierra. Pasado el primer momento de confusión los carricoches han sido desenganchados y los caballos se atan a las ruedas sin que nadie tenga que ocuparse de ellos hasta el anochecer. Entonces se reúnen las partidas, los amigos se buscan, se extienden las provisiones sobre la hierba y la vihuela de notas estridentes deja oír los primeros acordes de la zamacueca. Este baile, el único que conoce el pueblo en el Perú, merece quizá ser descrito con algunos detalles. La orquesta, de las más primitivas, se compone infaliblemente de la guitarra que uno de los asistentes, con un admirable valor en realidad, rasguea con todas sus fuerzas, mezclando a los acordes una voz muy poco armoniosa y palabras muy a menudo insignificantes, cuando no son de una grosera libertad que va hasta el cinismo. Cerca del guitarrista, con un cajón desfondado entre las piernas, otro músico de la misma categoría, o en todo caso un cantor no menos implacable, marca el compás sobre la caja con fuertes golpes, sin duda a guisa de acompañamiento. (…)(p.137-141) (Tomado de: Dos viajeros franceses en el Perú republicano EN: (1959) VIAJEROS, Festival de Lima IX, Concejo Provincial de Lima).
1861
Grandidier, Ernest (1861) Voyage dans l'Amérique du Sud: Pérou et Bolivie Michel Lévy Frères, París

“La samacueca o sambacueca, danza nacional, de aires libres y poses lascivas, está hoy día relegada en la clase baja: La contradanza ha hecho su  irrupción en el Perú y ha destronado en parte a la zamacueca. Para estudiar las costumbres he tenido la curiosidad de asistir a varias fiestas de negros, con la intención de ver bailar la zamacueca. Yo me contentaré de describir la composición de la orquesta, sin hablar de las poses de los danzantes pocas, en relación con la castidad de nuestras costumbres y el respeto de las conveniencias. La música, al son de la que el cholo o el negro ejecuta las figuras de su danza predilecta, es monótona y un poco lúgubre, lo que se puede juzgar por la siguiente enumeración: la viguela o guitarra es el instrumento indispensable, las negras cantan en coro, con sus voces estridentes y roncas, los versos de circunstancia y palmean, mientras que una chola bate en cadencia una tableta poco espesa que da sonidos más o menos armoniosos. La chicha y la aguardiente incitan a los danzantes, renuevan su energía y su verbo dándole nueva inspiración.” (p.28, 29)


1867
Manuel Atanasio Fuentes Delgado, en Lima: apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres. 1867, Paris: Librería de F. Didot., escribe:

“Hemos dicho que el baile de Amancaes es la zamacueca; la orquesta para ese baile se compone de arpa y guitarra, y a estos instrumentos se agrega una especie de tambor, hecho regularmente de un cajón cuyas tablas se desclavan para que el golpe sea más sonoro. Tocase este instrumento con las manos o con dos pedazos de caña, y es difícil formarse idea de la pericia y oído con que el negro que toca el cajón sigue el compás de la música y anima a los bailarines. Como el cajón es el alma de la orquesta, la plebe ha dado a la zamacueca el nombre de 'polka de cajón'”. ()

1890
Carlos Prince en su obra Lima Antigua, publicada en 1890, en el capítulo de "Fiestas Religiosas y Profanas", dice:

“En aquellos buenos tiempos era de rigor, al ir a Amancaes, el bailar la zamacueca, que era el baile nacional más eminentemente popular: la orquesta se componía de harpa y guitarra, y á estos instrumentos se agregaba una especie de tambor hecho regularmente de un cajón, cuyas tablas desclavadas producían un golpe más sonoro”. (Prince 1890:32)

1905
Adolfo Vienrich, en sus Azucenas Quechuas, describe el siguiente baile

“Los diablos por sus máscaras de cuero estravagantes con infinidad de cuernos, nos han recordado más de una vez los /39/ relieves i pinturas de los huacos, i sobre todo los del monolito de Chavin i los de Tiahuanacu, cubiertos de serpientes enroscadas, que les brotan hasta de las mejillas. Probablemente al verlos los españoles les calificaron de diablos, porque sólo a esas figuras podían comparárseles por la fealdad de sus disfraces. Además su música orijinal i de lo más primitivas: un individuo con un cajón suspendido del cuello sobre el que cajea con dos piedras desiguales acompasando con el ruido producido por otro, que lleva una quijada de asno (1) en cuyo ángulo golpea con el dorso de la mano haciendo vibrar el hueso é inmediatamente desliza un otro hueso pequeño por los molares, rastrillando y golpeando alternativamente. El sonido es un char, char del maxilar con el tun, tun del cajón. (1905:38,39)

1928
“La Crónica” 3 de Noviembre

La casa F. W. Castellano y Hno. recibió ayer y pondrá hoy a la venta el tercer lote de discos nacionales Victor de grabación ortofónica
LAS CHINAS, Marinera, Salerno y Gamarra vuelven con sus alegres coplas llenas de picardía en esta sin par Marinera, Almenerio entusiasmado con el “guapeo”, Pericote con el cajón y el AS del acompañamiento de piano Julio Gonzáles, haciendo flores con el divino instrumento, forman una jarana capaz de hacer bailar a un muerto.
LAMPARA MARAVILLOSA, Marinera, Salerno y Gamarra, acompañamiento de guitarras, piano y cajón), quién no la conoce y quién no conoce al popular “Chino y a su compadre”… pues ellos la cantan, la guapea Almenerio y el pelón Julio Gonzáles la acompaña al piano… ¿Queréis más?... Regalado redobla el cajón… creemos que basta

1947

LOPEZ RAYGADA, Jaime (1947) 32 reportajes y una Crónica Empresa editora peruana S.A.

p.59
VICTOR ARCINIEGAS
P. 63
“En el “Callejón de la Parra”, todos conocen a Arciniegas, quien, cuando no trabaja en la estación del ferrocarril inglés, golpea el cajón en el conjunto “Ricardo Palma”, que se integra con Pancho Estrada, Francisco Ballesteros y Samuel Márquez, guitarristas y cantores de los más “mentaos”  entre la Cinco Esquinas, el Prado y Maravillas. El, es un moreno clarón, peinado “raya al medio”, que separa en bucles rebeldes el cabello entrecano y que recibe al cronista, con afable hospitalidad en su departamento pequeño y limpio, /64/ donde está en compañía de un amigo muy hablador y conocedor de nombres y tradiciones del criollismo.
-El que suscribe es del año noventa y se crió en Cinco Esquinas…Desde muy chico escuché tocar la “herramienta”, sobre todo a mi padrino don Felipe Palomera, en las fiestas y reuniones.
-Bueno Arciniegas. ¿Pero quién te enseñó a tocar el cajón?
-Eso no se aprende, nace con el hombre, le sale a uno nomás.
                En medio de la habitación entre las dos camas y el ropero, está el cajón pequeño, de fina madera, bien lustrada, con sus ángulos encolados, sin clavos, donde todavía se puede leer una leyenda borrosa “Scotch Whisky”.
-Cualquier cajón sirve dice Arciniegas, con tal que sea encolado. Pero mi herramienta yo la he mandado hacer, para mi uso.
….
-Es así como se toca. ¿Ve usted? Los de ahora no se saben sentar en el cajón. Pero yo aprendí de los “viejos” Jesús García, “Cochino” Bravo; Sósimo y Víctor Regalado, “Seviche”; Manuel Quintana, “Cana/65/rio Negro”… Esos sí que eran buenos… Todos son finados.
-Pero te olvidas Arciniegas, dice el amigo, de Norberto Mendiola, “Membrillo”, que fué el más grande cajonero; de Luis Foñoli, “Ojo de Diablo”; del “Chino” Monteverde y de Luis Romero “Pindongo”…
-Y que me dices de Manongo Avilés, de Tomás Tití, de Beúnza  y de Benites, “cajón de muerto”…


DOCUMENTOS GRÁFICOS

1780-90

Martínez de Compañón

E.145 Ydem (danza) de los Diablicos. t-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:11.0pt'> 


E.159 Ydem del Chusco

Estampa 145: Ydem de los Diablicos. En esta acuarela tomada del códice Trujillo del Perú del obispo Baltasar Martínez de Compañón, que data de fines del siglo XVIII, se muestra el instrumento, usado actualmente, denominado “cajita”. Una hipótesis que se puede elaborar es que la “cajita” descendió al suelo y se hizo más grande para convertirse en el cajón. Es de remarcar que antiguamente los cajoneros no se sentaban sobre él.

Estampa 159: Ydem (danza) del Chusco. Como puede verse en la acuarela tomada del códice Trujillo del Perú ya existía la costumbre de “cajear” o “cajonear” sobre el arpa, que  consiste en golpear con los nudillos y/o las palmas de la mano la superficie del arpa al compás de la música. Esta costumbre se mantiene hasta el presente, sobre todo en la sierra y se hace también sobre la guitarra o cualquier objeto de madera. Si tenemos en cuenta que, años más tarde, los instrumentos con que se tocaba la zamacueca eran el arpa y el cajón, deberíamos considerar como hipótesis que el cajón  es un derivado de la costumbre de “cajear” o “cajonear” sobre el arpa.

1840 -1850
Acuarela y dibujo de Ignacio Merino





Pancho Fierro



1897
Esta sería la foto más antigua de un cajón:

("FANAL" 1961:15)

1912 “Música Peruana” Revista musical, Alejandro Ayarza toca la guitarra y Romero cajonea sobre ella:
jonea sobre ella:

Tomado de Variedades Nº  07.12.1912:1147




1913

“Carnaval al son de los diablos (Ancón 1913)”
Colección Humberto Currarino (Tomado de Muñoz Cabrejo 2001)


1913: LAS PRIMERAS GRABACIONES DE CAJÓN

Fueron realizadas por J. Olaza (no se menciona nombre) en Lima para el sello VICTOR. Fueron 24 grabaciones. 23 fueron prensadas en discos (Cuadro realizado en base a la información de la EDVR online):

Matrix
Nº de disco
Título
Género
Intérpretes
Fecha de grabación
65627 a
Chalaca
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65628 a
La barranquina
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65805 a
El huevo
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65806 a
La huachafa
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65990 a
Plaza de Hacho
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
67006 a
El gringo
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
67007 a
La malambina
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
67015 a
La colmena
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65993 a
La victoria
Marinera
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65994 a
Magdalena del mar
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/11/1913
65642 b
De Lambayeque a Chiclayo
Tondero
Cobián y Díaz
09/12/1913

La jarra de oro
Tondero
Cobián y Díaz
09/12/1913
65645 a
La alondra
Vals*
Cobián y Díaz
09/12/1913
67004 a
Gotas de rocío
Vals cantado
Cobián y Díaz
09/12/1913
65627 b
Fuera los chinos
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
65628 b
Al trote
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
65805 b
Las regiones del tormento
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
65806 b
Allégate junto a mi
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
65990 b
Vente conmigo al mar
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
67006 b
Cuántos años hace
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
67007 b
Bella mujer
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
67015 b
María Francisca
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
65993 b
La policía
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913
65994 b
De tus encantos
Resbalosa
Almenerio - Vélez
09/15/1913

* No se escucha el cajón

Etiqueta disco Victor (Foto Darío Mejía)



1917
El 28 de septiembre de 1917 el dúo Almenerio – Velez realizó las siguientes grabaciones, acompañadas por piano y “slats table” (En las notas de la EDVR no figuran los nombres de los instrumentistas):

G-2305
73250
Matraca
Marinera
G-2306
73250
La huanchaguera
Tondero
G-2307
77132
Amor ajeno
Tondero
G-2308
72093
Café con leche
Tondero
G-2309
72459
Mis ilusiones
Vals


1926 
Mundial Nº 368, 01.07.1927
Cuarteto Ballesteros (Variedades Nº 1008, 25.06.1927).

En el registro de concursante publicado por “La Crónica” figura “Quinteto de Francisco Ballesteros, Samuel Márquez, Alejandro Goicochea, David Carreño y Víctor Samamé”








Mundial Nº 369, 08.07.1927

Grabaciones 1928

“Nº 81555 “Las Chinas”, marinera. Salerno y Gamarra vuelven con sus alegres coplas llenas de picardía en esta sin par Marinera, Almenerio entusiasmado con el “guapeo”, “Pericote” con el cajón y el “AS” del acompañamiento de piano Julio Gonzáles, haciendo flores con el divino instrumento, forman una jarana capaz de hacer bailar a un muerto.”

“Nº 81557 “Lámpara Maravillosa”, Marinera, quién no la conoce y quién no conoce al “chino” y a su compadre… pues ellos la cantan, la guapea Almenerio y el pelón Julio Gonzáles la acompaña al piano. ¿Queréis más? …Regalado redobla el cajón… creemos que basta. (La Crónica 03.11.1928)






[1] Artículo escrito a principios de 2011