domingo, 24 de diciembre de 2017

LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN EN EL PERÚ: 

EL PAPEL DE LOS POETAS Y MÚSICOS - I

En la reseña que María Blondet hace del libro La historia de la corrupción en el Perú[1] de Alfonso Quiroz, señala:

"Quiroz define la corrupción como el mal uso del poder político burocrático por parte de camarillas de funcionarios coludidos con mezquinos intereses privados para obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas del desarrollo social mediante la malversación o el desvío de recursos públicos y la distorsión de las políticas e instituciones. Es decir, corrupción es el abuso de los recursos públicos para beneficiar a unas cuantas personas o grupos, involucra explícitamente el poder y la política, al sector público y al privado y su efecto en políticas, instituciones y en el progreso del país. (…).
A lo largo de la historia que cuenta Alfonso Quiroz se puede ver con claridad cómo, en lugar de irse construyendo un Estado republicano con leyes y marcos normativos adecuados, con funcionarios que hacen cumplir la ley y con ciudadanos que van aprendiendo a sentirse parte de una sociedad incluyente que los considera, a diferencia de esto, se va perfilando y consolidando un Estado sin derecho, en el que las leyes están dadas para no ser cumplidas, y donde las formas patrimoniales del poder se van remodelando y recreando en cada periodo de la historia. La corrupción atenta persistentemente contra el desarrollo nacional y se pierden importantes oportunidades para lograrlo"[2].


Uno de los capítulos del libro se refiere a la firma del contrato Dreyfus, momento de crisis al final del período del guano y del salitre. En esta nota vamos a reproducir una sátira política, escrita por el catedrático universitario, político, escritor y periodista peruano, Francisco Flores Chinarro, nacido en Ica el 4 de Octubre de 1838 y fallecido en Tarma el 19 de enero de 1889, quien en 1868, siendo diputado por la provincia de Ica, destacó por su oposición a la firma del "Contrato Drefus"[3].

Francisco Flores Chinarro

Esmeralda González Castro, la escritora y poetisa peruana conocida con el seudónimo de Serafina Quinteras lo incluyó en su antología de escritores costumbristas y humoristas. De esa obra citamos "la guerra de los ratones" y, antes, un fragmento de la obra mencionada:

 “se exhibe Flores Chinarro como un crítico que no temía a los poderosos. Como que se opuso a ciertos actos gobernativos que consideraba inconvenientes para el país, así fue como combatió el “Contrato Grace” [sic], lo que le costó una prisión” (Quinteras 1990:184-185).

LA GUERRA DE LOS RATONES

En cierta madriguera,
de perniles y quesos muy provista,
suscitóse una vez ¡quien lo creyera!
una guerra feroz y nunca vista.
La causa de la lucha se atribuía a que "Diente-Sutil",  
el despensero, los perniles y quesos repartía
sin guardar para el tiempo venidero.
La ratonesca gente
murmuraba en secreto y sordamente
al ver el despilfarro
con que el ratón zamarro
el bienestar común comprometía.
Con no poca alegría,
la situación, de lejos, observaba
un ratonazo viejo
a quien el pueblo todo reputaba
por varón de consejo.
Este, luego que vio que el descontento
rápido se esparcía
y que si él no acudía, a la luna de Paita se quedaba,
—" ¡A las armas! —gritó— ¡Basta de escándalo!
El despensero es un bribón, un vándalo.
¡Pueblos, a mí, que soy moral y recto”
Y el pueblo, que era un bobo,
oyó su voz y lo siguió en efecto.
Dividiéronse en bandos los ratones
y trabóse la lucha: mientras tanto
de quesos y jamones
jalaba su tirita hasta el más santo.
Al fin de mil maniobras militares
y de morir ratones a millares,
consiguió "Masca-Fierro"
derrotar en batalla a "Sutil-Diente"
y hacerse despensero
con general aplauso de la gente.
—" ¡Este sí que es honrado!
—exclamaba la turba cortesana—
¡Vivamos sin cuidado,
no hay que temer por hoy ni por mañana!"
Al principio, no hay duda, "Masca Fierro"
se portó como un hábil despensero;
mas, poco a poco, quesos y jamones
fueron desapareciendo,
sin saber los ratones
por dónde se iban yendo.
Hasta que al fin, exhausta la despensa
sólo encontróse... vaciedad inmensa.
Pueblos he conocido
a quien el mismo caso ha sucedido.


Referencias:
Quinteras, Serafina (1990) De la Misma Laya, antología de costumbristas y humoristas peruanos, J.C Editores, Lima 1990.





[1] IEP, Lima 2014
[2] En: Argumentos, N° 2 Mayo de 2013

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