miércoles, 17 de abril de 2013

JULIO BAUDOUIN



En la madrugada de un día como hoy, 17 de de abril de 1925, en la ciudad de Buenos Aires falleció Julio Baudouin, autor de "El Cóndor Pasa...". La noticia llegó ese mismo día a Lima y en la edición de la tarde de "El Comercio" se publicó esta nota:


Ha muerto Julio de la Paz
Sentidas necrologías de los diarios argentinos
Buenos Aires 17 de abril –“El Comercio” –Lima- A la una y treinta minutos de la mañana de hoy falleció, repentinamente, el periodista peruano señor Julio de la Paz.
Anoche asistió conmigo al match de box entre Icochea y Reverberi, habiéndonos separado al finalizar el espectáculo.
Me ha contado la viuda Estrella Corrales de Paz, que su esposo llegó a la casa a la una y veinte minutos, se acostó y pidió que le frotara la espalda con alcohol. En los momentos que lo hacía, Julio se incorporó y al hacerlo se desplomó en el lecho, falleciendo instantáneamente.
Se presume que Julio, tomó alimentos que lo envenenaron.
La asistencia pública retiró el cadáver y lo condujo a la morgue, para hacerle la autopsia.
El sepelio se realizará mañana.
Los diarios le dedican sentidos artículos necrológicos, ilustrados con su retrato.
Entre los elementos de la colonia peruana, la muerte repentina y prematura del distinguido periodista, dramaturgo y crítico teatral, ha producido gran sentimiento
JORGE ADRIANZÉN DÍAZ

                “El Comercio” del día siguiente, 18 de abril, publicó una nota que finalizaba diciendo que Julio Baudouin dejaba en Lima a su anciana madre y a una hermana, a quienes él sostenía.

Finalmente, reproduzco un artículo que ayuda a conocer a Julio Baudouin y que se publicó con motivo de la proximidad del estreno de “El Cóndor Pasa…”, en el diario “La Unión”:

“¿Quién es Julio de la Paz? El secretario de redacción del diario LA NACIÓN, literato peruano. Hace nueve años cuando apenas era un niño, se marchó a la Argentina, confiando sólo en su espíritu grande y vigoroso. Ocho años estuvo allí. En ese lapso, estudio, hizo labor vasta y meritoria y triunfó en la iniciación. Ya formado, sale de Buenos aires en misión periodística por los países de América. En su gira llega a sus lares, y el cariño materno y solicitaciones ventajosas lo establecen nuevamente entre los suyos.
Durante su ausencia, de la Paz no ha perdido el cariño al terruño, ni la visión dolorosa de sus miserias, así como el recuerdo de sus costumbres pintorescas. De vuelta, observa  de cerca la vida que imaginaba a través de la distancia y, ebria el alma de sinceridad, modula cuentos y crónicas primorosas, llenas de vida y palpitantes de emoción.
La menguada condición social en que sucumben nuestros aborígenes bajo la explotadora voracidad de los amos extranjeros, le arranca páginas en las que, veladas por la prosa sencilla y elegante, se estampa, a manera de protesta valiente, la figuración descarnada de las exacciones que se cometen en las profundidades tenebrosas de las minas.
Entregado a la agitada labor del diario, aún tiene tiempo para mirar con detención la vida de esos desgraciados, y forja, en compañía de otro espíritu selecto y genial: Daniel Alonías (sic) Robles, un boceto dramático “El Cóndor pasa”. (“La Unión” 04.12.1913 p.4).