martes, 14 de agosto de 2012


MÚSICA Y MÚSICOS EN LIMA 1830 – 1890

                Pongo a disposición de los interesados en profundizar sus conocimientos sobre la historia de la música peruana, un artículo aparecido en “Perú Ilustrado”, quincenario literario dirigido por Abelardo Gamarra, el 15 de octubre de 1893. El artículo titulado “Don José L. Cadenas” es una biografía de este poco conocido músico peruano y brinda abundantes datos sobre la vida musical en la Lima de la segunda década del siglo XIX.

Don José I. Cadenas.

Don José I. Cadenas nació el 8 de Julio del año de 1826, hijo legitimo de don José M. Cadenas y de doña Petronila Carlín y Arias. Su vocación era para la ciencia, pero ciertos contratiempos de fortuna hicieron que permaneciera poco tiempo en las Aulas, que así se titulaban los colegios en los que se daba instrucción media. A los alumnos más adelantados se les daba el nombre de Monitores y su mérito consistía en ganar un gran puntero de alambre o de plata, el cual se lucía vestido de cintas rojas y blancas, llevando en el mango una argolla de acero, en la que se colocaban medios y reales del Rey o de la Patria. Cadenas obtuvo con frecuencia esta distinción. A la edad de 15 años el joven Cadenas comenzó a manifestar inclinación a la música y principió su aprendizaje bajo la dirección del reputado maestro nacional Manuel Zúñiga, gran ejecutor en flauta, guitarra, monocordio clavecín, que se ejecutaban como el piano.
El piano era poco conocido en Lima. El maestro Zúñiga también era reputado como compositor. En esa misma época existía en Lima otro maestro nacional hijo del italiano Barberi, quien se distinguía como notable maestro de capilla, igualmente como compositor.
Cadenas estudio dos años bajo su dirección las 7 claves en solfeo y todas las escalas; mas habiendo fallecido Barberi por los años 1845 pasó a la Academia del Convento de San Agustín, que hacía años estaba fundada y cuya dirección entonces corría a cargo de fray Cipriano, lego profeso y nacido en el Perú, el que se distinguía como compositor de música religiosa. De los que aprendieron en San Agustín existen Cadenas y José Ramírez, uno de los primeros violinistas nacionales de nuestro teatro y decano en el mismo.
Al mismo tiempo estudiaba el joven Cadenas con el notabilísimo maestro don José Lártiga, chinchano, cuyo maestro contaría por entonces 28 años. Este profesor ilustrado y célebre compositor de estilo lirico y clásico, se distinguió por sus bellas producciones y sobre todo en música religiosa, pues, actualmente se canta en toda la República el trisagio de la Virgen y grandes vísperas y misas escritas por él. A los 20 años principió a ejercer Cadenas su profesión, alentado por su maestro Lártiga. Por esa época, existían asimismo profesores de otro género entre los que resaltaban Bonifacio Yaque (sic), Tena gran melodista, Ericour, reputado organista de la Catedral, Pedro Zavala que se distinguía por sus composiciones, de las que en el Convento de la Buena Muerte, en el archivo de música, deben existir todas, entre ellas muchas inéditas, pues, era maestro de capilla de la iglesia del mismo nombre, la que gastaba fuertes sumas de dinero para estrenar en cada fiesta de San Camilo, eligiendo, un repertorio nuevo.
Por esa época descollaba también el gran maestro nacional Manuel Ballón, el mismo que en 1835 escribió y dedicó a Salaverry la brillante marcha militar titulada Ataque de Uchumayo. En Bañón resalta un hecho notable: sus composiciones llegaron hasta Rossini, con el que tuvo frecuente comunicación.
También merecen ocupar un lugar preferente en nuestro parnaso musical los reputados maestros nacionales Miguel Távara, quien hizo sus estudios en el Conservatorio de Paris, y que hoy es el decano de los maestros nacionales y extranjeros, así como los finados Carrillo, notable clarinete; Burgos, eximio flautista, y Rosas buen ejecutante de piano y compositor.
Entre otros no deben olvidarse tampoco a los maestros Ignacio Bravo y Panizo, así como los hermanos Carballo, y como cantante de gran voz de tiple el malogrado Salazar.
Del año de 1846 al 50 llegaron a esta capital los maestros Antonio Neuman, Herz, y Sivori, notable discípulo de Paganini. El primero brilló como director de la ópera italiana. El maestro Neuman ejecutaba en el piano y dirigía con él. Enrique Herz, alemán, fue un gran compositor y concertista, autor de los pianos que son conocidos hasta hoy como de los mejores y que llevan su nombre. Su reputación la adquirió en toda Europa, y hoy mismo su nombre se ha inmortalizado entre los artistas de nota. El célebre Sivori, gran concertista en el violín, era de ejecución admirable.
Por aquel entonces el cultivo de la música en Lima estaba mucho más adelantado que ahora, contribuyendo no poco a su desarrollo la presencia de tan notables artistas y los conciertos vocales é instrumentales que con frecuencia se verificaban.
Cadenas ya gozaba del tratamiento de joven maestro, adquiriendo su reputación en el salón del Gabinete Óptico, situado en la calle de Bodegones  adonde acudía nuestra sociedad todas las noches de rigurosa etiqueta. En esos mismos elegantes y espaciosos salones daban todos estos artistas menos el maestro Neuman, que era de la Opera, sus conciertos antes de exhibirse en el teatro. La entrada a dichos conciertos se pagaba en oro en cuartos de onza.
Cadenas entonces principió a adquirir posesión en la ejecución del piano, escribiendo composiciones sobre temas de óperas liricas italianas. Esto le valió el aprecio del maestro Herz, quién lo alentaba, dándole lecciones y consejos en el arte y obsequiándole de su puño y letra algunas variaciones de las que él tocaba. El cariño que tomo a Cadenas, era puede decirse paternal, pues quiso llevárselo hasta Europa, pero contratiempos fortuitos e inesperados lo impidieron
Después de esto se dedicó bajo la dirección del notabilísimo y recordado maestro Antonio Neuman al estudio de las óperas liricas italianas.
Cuando el maestro Neuman seguía en viaje con las compañías. Cadenas quedaba como agente de éste en Lima.
En esos intermedios fue el primero Cadenas que dio el 28 de julio de 1830 un festival por bandas militares y orquesta escribiendo una marcha titulada Victoria que fue muy aplaudida.
De 1850 a 1860 llegaron a esta capital excelentes compañías de óperas liricas italianas entre cuyos artistas se distinguían la Sconchia. Basuri, Buli, Paoli, Viscaschantte. Filatoff, Rossiguelli y otros.
En esa hermosa temporada llegaron también compañías dramáticas y de zarzuela como las de Ologlin, Cortéz, y Flores.
Nunca se ha despertado más afición al teatro y al drama que entonces.
La bohemia literaria y poética la componían Nicolás Corpancho, José Toribio Mansilla, Segura, dramaturgo nacional, los hermanos Mariano é Isidro Pérez, Carlos  Augusto Salaverry, Arnaldo Márquez, Luis B. Cisneros, Ricardo Palma, Juan Vicente Camacho, Julio Arboleda, Juan Héros, Adolfo García, La-Riva,-Manuel M. B del Mazo, Asisclo Villarán, Trinidad Fernández, Casós y Juan Francisco Pazos.
A dicha bohemia se agregaban algunos artistas pintores como Lazo, Masías, Montero, Merino, siguiendo a entre los aficionados a la música, Souza Ferreyra, Pasapera, Raborg, Bieytes, Cadelago, Paz, padre de Ernesto, a artista hoy de zarzuela, Pereyra jefe después de Suavos y otros. Cadenas aunque no era literato ni poeta, formaba como músico en las filas de esa juventud literaria. Las primeras butacas del teatro eran ocupadas preferentemente por todos esos jóvenes aficionados al cultivo del Arte.
Por entonces, brillaban también por su gran talento, afición y dotes artísticas algunos jóvenes distinguidos de las colonias extranjeras en esta capital, cosechando aplausos en los salones y los conciertos los hermanos Reinaldo y Claudio Rebagliatti, Francisco de Paula Francia, Beriola, y en las orquestas de teatros los jóvenes nacionales José Santos Ramírez, Timoteo La-Rosa, el primero como excelente violinista y el segundo sobresaliente en el pistón. De esa misma escuela salió también el gran clarinete Quezada y Lorenzo Castillo, que en la viola y violín, ha hecho progresos. Entre los jóvenes de aquella época ocupa un lugar honroso por su buena escuela, dotes musicales y otras cualidades artísticas Eduardo Neuman hijo del gran director de orquesta Antonio Neuman, que dejó gratos recuerdos en esta capital.
A la fecha, todos los caballeros mencionados, son maestros en su mayor parte de reputación y debido a ellos ha progresado en música nuestra sociedad.
En 1862 el joven Cadenas ya había adquirido en parte prestigio de maestro: ora como fundador del Colegio Peruano Francés, donde el primer año de examen escribió algunas composiciones para canto, con buen éxito; ora como profesor con nombramiento del Gobierno, en la Escuela Normal, Colegio de Guadalupe y San Carlos antes que fuera Universidad. Siendo Rector el Sr. Dr. José Gálvez durante su periodo y con motivo de los sucesos que amenazaban con una invasión extranjera la autonomía nacional de Méjico, puso en música el himno patriótico "libertad, luz divina" etc. escrito por el esclarecido vate José Toribio Mansilla, y publicado en los periódicos de esta capital. Como dicho acontecimiento tuviera un éxito victorioso para esa República y Juárez fuera el héroe de ella, se dio a luz el himno que hemos mencionado, el cual no solo se ha cantado en el Perú sino en Méjico y hasta en algunos puntos Sud-Americanos. En Lima se estreno el 15 de Julio del año de 1862, en el Teatro Principal, en una función dada por la Sociedad Defensores de la Independencia Americana, que se fundó con motivo de los sucesos de Méjico, y a la que Cadenas dedico su himno. La noche que se canto tomaron parte en la función los notables artistas de la compañía de Rosiguelli. Con motivo de las buenas noticias que se recibieron en esta capital respecto a Méjico el 28 de julio de ese mismo año se celebró el aniversario de nuestra independencia con una solemnidad nunca vista. El himno se canto por todos los alumnos de las escuelas y colegios de Lima inclusive los carolinos, fernandinos, escuelas naval, militar, Guadalupe y Normal y más de 400 caballeros que formaban la sociedad Defensores de la Independencia: 2,000 voces saludaron la aurora del 28 de julio, con los himnos de Alcedo y Cadenas, dirigidos por el último.
En el teatro las señoritas y caballeros hicieron los coros.
                Cadenas mereció una corona de laurel, por su himno, y Víctor Hugo le escribió una carta de felicitación.
El Congreso, Municipalidad y Corporaciones oficiales alentaron a los autores suscribiéndose todos ellos a los ejemplares del Himno Cadenas Mansilla, siendo Presidente de la Cámara de Diputados el Dr. Carpio.
Lima ha tenido sus épocas de historia musical. La de Sivori, el célebre violinista, discípulo de Paganini, la de Paul Julien, White, Sarasate, también celebridades en el mismo arte de Paganini.
Después la de Balabasic, eximio flautista, la de Hernández, notable saxofonista, la de Filiu, el gran guitarrista La Cova. El sin rival maestro pianista Gottshalk con quien el profesor Cadenas se perfecciono en el estudio del pedal. Después han venido otras notabilidades no inferiores a los nombrados. Cadenas, con tan buena escuela ha sabido aprovechar y formar numerosos discípulos, ya en los colegios particulares, ya en otros gratuitos, como colaboradores, siendo Rector el Dr. Cesáreo Chacaltana, ya en el Club Alemán, en nuestra sociedad y finalmente en la Sociedad de Preceptores donde nueve años consecutivos, sin faltar un solo minuto, se ha dedicado, a la enseñanza de los jóvenes pobres en dicha institución.
Cadenas mereció una medalla de oro como fundador de la primera Sociedad Filarmónica que se fundó en Lima compuesta de caballeros, señoritas de nuestra sociedad y de algunos maestros de música.
El año 1887 recibió otra de oro en el Ateneo por la Sociedad de Preceptores, y últimamente en las fiestas patrias, recibió una medalla de plata y fue coronado en la Sociedad de Preceptores.
Estos premios han sido por sus desvelos, contracción y desinterés en la enseñanza de música en instituciones gratuitas.
Don Manuel Pardo y otros Gobiernos le han dispensado cariño personal; pero jamás ha solicitado de ningún puesto que se relacionaran con su profesión.
Para el centenario de Santa Rosa escribió una composición religiosa titulada "Un responsorio, Rosa en el monte Livano" y tiene actualmente un tratado de armonía y mucho inédito.
Para el centenario de Colon redactó un proyecto para la instalación de un Conservatorio de Música, dedicado a la Municipalidad y bien aceptado por todos, sin embargo dicha institución ni las gracias le ha dado, por fortuna Cadenas es despreocupado, y mira con indiferencia todo aquello que no está conforme con su carácter de hombre recto, servicial y bien intencionado.
El año 1890 escribió para la velada, que la Universidad Mayor de San Marcos dio con motivo de los restos de los mártires que fallecieron en la última guerra, una apoteosis sobre el Himno Nacional. Ha escrito algo de música religiosa entre la que figuran un trisagio y una misa arreglada por él para una fiesta de Santa Cecilia, patrona de la Sociedad Filarmónica en la que tomaron parte los aficionados de Lima.
Ha puesto en música composiciones poéticas de los señores Carlos Augusto Salaverry, Abelardo M. Gamarra, el Chico Terencio, Juan B. Fuentes, y algunas del inmortal Julio Arboleda.
Entre los maestros que hemos citado, de los que existen en la actualidad y antes de terminar, de los nacionales agregaremos al reputado y brillante ejecutor en piano señor Benjamín Castañeda, en violín al señor Aguilar, como director de bandas a Eugenio Ramírez, como sobresaliente ejecutor en acompañamientos; Pedro Fernández, en sus composiciones de baile puede decirse que es el Strauss peruano, también merecen mención especial en guitarra el maestro Filiu como decano, y en bandurrias, guitarras el notable ejecutante Sr. Brenner, que además es un buen concertador en los expresados instrumentos. Tal es el molesto profesor, que bien merece engalanar con su retrato este periódico, en que deseamos tributar homenaje a los que son como Cadenas artistas de corazón y ciudadanos ejemplares.